lunes, 22 de febrero de 2010

Auge y caída de los kitanes

Un grupo de kitanes preparándose para salir de caza. Pintura de la dinastía Sung.

En los albores de la historia, las tribus nómadas que vivían en las vastas estepas del norte de Asia tuvieron permanente rivalidad con la cultura agraria de la planicie central de China. Cuando surgió el Imperio Chino, se apostaron tropas para mantener estas huestes al otro lado de la Cordillera Yin, una formidable barrera natural que separa estas dos regiones geográficas.
Algunos de estos pueblos nómadas tuvieron mejor suerte que otros. Algunos de ellos incluso llegaron a formar un imperio que amenazó la existencia misma del Imperio Chino.
En el año 907, el jefe de una tribu nómada, Yelu Abaoji (耶律阿保機, 872-926), unificó a todos los kitanes bajo su mando y fundó una capital en Linhuang (臨潢府), en la actual provincia de la Mongolia Interior, China continental. Con la ayuda de asesores chinos, creó un gobierno centralizado y promulgó leyes y decretos para pasar por alto el poder de la nobleza kitán, que hasta ese entonces era la encargada de escoger al líder de su federación.
Declarándose emperador en el año 916, Yelu Abaoji fundó el Estado Kitán, que posteriormiente fue formalmente denominado como dinastía Liao por su nieto. Durante su corto reinado, Abaoji condujo campañas militares y expandió su territorio, conquistando a los uigures y otros pueblos históricamente ya olvidados. Su hermano, Yelu Diela (耶律迭剌), creó la escritura kitán, basado en los caracteres chinos.
Estos son algunos aspectos sobresalientes de un pueblo nómada que llegó a tener un período de gloria y grandeza, dejando un extraordinario legado cultural para la posteridad. Se trata de los kitanes.

Mapa que muestra la correlación de la dinastía Liao (Kitán) con otros pueblos importantes en su perisferia.

Los kitanes se originaron en los confines de la cabecera del río Laoha, en la parte oriental de la Mongolia Interior. Este antiguo grupo étnico se asentó en el cauce superior del río Liao, exactamente en las inmediaciones de los ríos Laoha y Shira Muren, en la región de Manchuria. El pueblo kitán estaba dividido en ocho tribus que vivían en las estepas desde la actual provincia de Liaoning hasta la Mongolia Interior.
Los etnólogos consideran que provienen de los hsienpei (鮮卑, xianbei), una de las cinco etnias que componían originalmente los tunghu (東胡, donghu) o “bárbaros del este”, pueblos nómadas de origen proto-mongólico. El término hu (胡) era utilizado en el lenguaje chino antiguo para denominar a los pueblos que vivían fuera de China, y su origen etimológico proviene por homofonía del caracter hu (鬍), que significa “barba”, haciendo alusión a la apariencia generalmente barbuda de esos pueblos, a diferencia de los chinos han, que solían andar afeitados.

Redoma en forma de cresta de gallo, un objeto muy peculiar que se halla con frecuencia en las excavaciones de tumbas de nobles kitanes. Colección del Museo de Mongolia Interior.

Los primeros registros de los kitanes en las fuentes históricas chinas se remontan a los inicios de la dinastía Wei del Norte (386 – 534), en la segunda mitad del siglo IV. En esa época, se trataba de un pueblo nómada que tenía relaciones con el reino chino, intercambiando cahallos y pieles por bienes chinos. Sin embargo, los kitanes fundaron un muy poderoso imperio cinco siglos después. Denominado como dinastía Liao (907 – 1125), tuvo una duración de más de dos siglos.
Durante la dinastía Tang (618 – 907), un líder de los kitanes, Kuko (窟哥, Kuge), al mando de las tribus que le eran fieles, declararon pleitesía ante el Emperador chino. En el año 22 del Reinado Chenkuan [貞觀, Zhenguan (648 d. C.)], la dinastía Tang instituyó la Gobernación General de Sungmo (松漠都督府, Songmo); nombrando a Kuko como gobernador general y otorgándole el apellido imperial Li, pasando a llamarse Li Kuko (李窟哥,Li Kuge) desde entonces.
Bajo el mando de Li Kuko, la dinastía Tang pudo consolidar su frontera en el noreste de China, siendo sobresaliente la derrota de los gorios (antepasados de los coreanos), quienes aliados con los hsi (奚, xi), intentaron conquistar a los kitanes. Sin embargo, a la muerte de Li Kuko, sus descendientes no siguieron manteniendo una relación muy amistosa durante toda la dinastía Tang.

Cofrecillo de oro con incrustaciones de piedras preciosas y espejo de bronce (siglo X). 25 x 11,7 cm. Colección del Museo de Mongolia Interior.

Varias décadas después de la muerte de Li Kuko, un descendiente suyo, Li Chin-chung (李盡忠, Li Jinzhong), junto con su primo, Sun Wan-jung (孫萬榮, Sun Wanrong), se rebelaron en contra de la emperatriz Wu Tse-tien (武則天, Wu Zetian, 625 – 705). La Emperatriz envió tropas para sofocar la rebelión, pero fueron derrotadas por los kitanes, quienes a su vez aprovecharon para invadir territorios propios del reino chino. Posteriormente, las tropas turquestanas dirigidas por Ashina Mochuo, atacaron la base de los kitanes, matando a Su Wan-jung y eliminando la amenaza de los nómadas hacia la dinastía Tang.
Un nieto de Li Kuko, Li Shih-huo (李失活, Li Shihuo) recibió las manos de la princesa Yunglo (永樂公主), convirtiéndose en la primera princesa de la dinastía Tang que se casa con un noble kitán y él, en el primer jefe de los kitanes que se casa con una princesa de la dinastía Tang. A su muerte en 718, Li Shih-huo recibió el título postúmo de Techin (特進) o funcionario del más alto rango, equivalente a los modernos Consejeros de Estado. Le sucedió su primo, Li Shuo-ku (李娑固, Li Suogu).
Poco antes de la Rebelión de An Lu-shan (755), los kitanes mostraron de nuevo hostilidad hacia la dinastía Tang. Aparte de estas instancias, las relaciones de los kitanes con el imperio chino fueron más o menos estables.

Dije de oro y plata (siglo X). 3,3 cm. Anverso de oro y reverso de plata, simbolizando el sol y la luna. Colección del Museo de Mongolia Interior.

La Colección del Museo de Mongolia Interior posee una rica colección de piezas de la dinastía Liao que han sido transmitidas a través de las generaciones, incluyendo objetos que han sido desenterrados en tiempos más recientes.
En la misma se encuentran raros artículos de oro, plata y piedras semipreciosas de varias tribus de la gran estepa. La mayor parte de los mismos provienen de importantes sitios funerarios de los kitanes; hallazgos arqueológicos que han sorprendido al mundo por su sobresaliente exquisitez y notable peculiaridad.
Durante sus campañas de conquista, los kitanes solían traer de vuelta a sus prisioneros, obligándolos a trabajar como esclavos en el campo o en diversos talleres artesanales. Así, pueblos conquistados del Asia Central, Noreste Asiático y algunas provincias chinas, tales como Shaanxi y Hopei (Hebei), terminaron como artesanos en talleres metalúrgicos, ceramistas y textileros. Con sus experiencias previas, trabajaron materiales tales como el ámbar, ágata, vidrio, jade, porcelana y goma laca.

Collar de ágata perteneciente a la Princesa de Chen(1018 d.C. o antes). Colección del Museo de Mongolia Interior.

Durante la época de gloria de la dinastía Liao, bienes provenientes de Asia Central y Occidental entraban en grandes cantidades a través de las estepas euroasiáticas, ya que el reino recibía tributos de unos sesenta estados vasallos. Incluso, desde China, llegaban emisarios portando tributos de regímenes sucesivos durante las dinastías Tang, Han y Sung. En aquellos tiempos, los kitanes disfrutaron de una muy rica vida material.
Por las vajillas que se conservan actualmente, se puede observar que los kitanes comían y bebían de manera muy similar a los chinos han; a la vez que artículos de escritorios como pinceles y piedras de entintar comprueban que también existía entre ellos una gran aficción a la creatividad artística y literaria. En los objetos de uso diario, se nota una visible influencia de la estética de la dinastía Tang.
Piezas de orfebrería delicadamente trabajadas, tales como collares, aretes y anillos, eran particularmente apreciados por los kitanes. Los finos acabados y líneas elegantes realzan la belleza de tales objetos, aportando una mirada más íntima al estilo de vida de ese ya desaparecido pueblo.
De hecho, los kitanes se comunicaban en un lenguaje propio, que está genéticamente relacionado con las lenguas protomongólicas. También tenían un sistema escrito, con una escritura en mayúscula y en minúscula. En términos funcionales, los dos estilos era independientes y se usaron en forma simultánea durante el Imperio Liao. En el día de hoy, se conservan excelentes ejemplos de esta escritura en epitafios y monumentos de la época. Desafortunadamente, la escritura de esta lengua muerta no ha sido completamente decifrada y muchos textos sobrevivientes de ese período no han podido ser descifrados en su totalidad.
La nobleza kitana vivía en opulencia y procupara que su miembros fuesen enterrados con muchas riquezas. El fallecido era suntuosamente vestido, coronado y adornado con joyas de oro, plata y piedras preciosas. Junto al ataúd se enterraban abundantes artículos de uso diario hechos de oro, plata, jade, piedras preciosas, vidrio y cerámica; como tributo acorde a la posición social del noble que yacía en la tumba.
A mediados de la dinastía Liao, los emperadores decretaron en varias ocasiones una estricta prohibición a los entierros con piezas de oro y plata. Sin embargo, las prácticas funerarias de los kitanes exigían entierros suntuosos, por lo que se comenzó el uso de cerámica tricolor al estilo Tang para cumplir con las normas imperiales y satisfacer los requisitos de la tradición.
Al igual que otros pueblos primitivos, los kitanes daban mucha importancia al inframundo. La creencia en la inmortalidad del alma impulsó a la nobleza kitana a construir cámaras mortuarias con la misma suntuosidad y fineza que los hogares que tuvieron en vida. Por esa razón, un miembro de la nobleza era enterrado con las pertenencias que había usado en vida, así como varios objetos funerarios que simbolizaban el rango y la situación social del occiso.
Muchas tumbas de tiempos de la dinastía Liao han sido desenterradas en la Mongolia Interior y en la región de Manchuria. Las mismas pueden clasificarse en dos grandes géneros: las tumbas de los nobles kitanes y aquéllas de los funcionarios y terratenientes de la etnia han.
En las tumbas más antiguas de los kitanes se encuentran con frecuencia redomas en forma de cresta de gallo, muy peculiares de esta etnia. También van acompañadas de diferentes armas y una montura completa de caballo. Los entierros posteriores tienen cada vez menos objetos funerarios, debido probablemente a cambios en los estilos de vida y en la situación económica del reino.
Sin embargo, algunas de las tumbas de tiempos posteriores siguieron observando los rigurosos rituales y la elegancia de los objetos funerarios. En 1954, se excavó la tumba del Señor de Chengwei (贈衛, Zengwei), yerno de Abaoji, enterrado en 959. Entre los suntuosos artículos funerarios se encontraron ocho arreos completos para caballos, lo que refleja la naturaleza nómada de un antiguo aristócrata kitán.
En 1986, se desenterró la tumba de la Princesa de Chen, que aparte de tener una intrincada estructura, cuenta con una antesala y paredes pintadas con murales que muestran sirvientes de ambos sexos. Abundantes objetos de oro, plata, bronce, cerámica, porcelana, jade, ágata, cristal y vidrio islámico acompañaron a la princesa en su última morada.
Los objetos desenterrados de las tumbas kitanas también nos dan una idea de las creencias religiosas, así como sus interpretaciones sobre la vida y la muerte. A través de estos objetos de arte se ha podido aprender mucho acerca la forma de vida de los kitanes y los contactos que tuvieron con los pueblos vecinos.
La mayoría de los pueblos nómadas que habitaban el norte de China practicaban alguna forma de chamanismo, adorando los poderes espirituales de la naturaleza, representados en objetos que en alguna forma u otro estaban relacionados con los seres divinos de su fe.
Cuando los kitanes establecieron su propio imperio, denominaron a su primer emperador, Abaoji, con el título de Tienhuangwang (天皇王), lo que indica el posible surgimiento de una monarquía teocrática o gobierno mediante la persuación religiosa.
Con la creación de la nación kitán, Abaoji procuró ganarse la amistad de los chinos han, adoptando su cultura y mostrando tolerancia hacia el budismo, confucianismo y taoísmo. En 918, promulgó edictos para construir templos de estas tres religiones en el reino.
Tras la comodidad de muchos años de estabilidad, la nobleza a mediados de la dinastía Liao comenzó a dedicarse al aprendizaje de las enseñanzas budistas. Por otro lado, la gente común también necesitaba de la creencia en alguna religión para ayudar a soportar los rigores de la vida diaria. Con el patrocinio de la Casa Real, los rituales y las prácticas budistas se volvieron muy populares en el reino.
Tanto la Corte como el pueblo dedicaron grandes esfuerzos para construir templos y desarrollar las artes del budismo. El budismo que se practicó en la dinastía Liao era de la secta Vajrayana o del Vehículo del Diamante (vajra), conocido también como budismo tántrico. Muchos monjes viajaron hacia el reino y sus enseñanzas pronto se divulgaron por muchos otros países vecinos, que formaron un círculo de budismo asiático-oriental que tuvo como centro a la dinastía Liao. Esta popularidad del budismo influyó grandemente en importantes dinastías subsecuentes como la Chin, Yuan, Ming y Ching.


Máscara funeraria de oro hallada en la Tumba de la Princesa de Chen (1018 d.C. o antes). 20.5 x 17.2 cm. Colección del Museo de Mongolia Interior.

Sobresalen en la exhibición del Museo los artículos provenientes de tres tumbas: la de la Princesa de Chen; la de Yelu Yuchih (Yelu Yuzhi), primo de Yelu Abaoji; y la de una mujer de identidad desconocida, en el Monte Tuerhchi (吐爾基山, Monte Tuerji). Esta última fue descubierta en marzo de 2003, y se presume que pertenece a la Princesa Yulutuku (Yuludugu), que murió en 914. Es la tumba de la nobleza kitana más antigua que se ha excavado hasta el momento y contiene abundantes objetos funerarios, que reflejan el alto estatus nobiliario de la ocupante.
La historia de la dinastía Liao y de los kitanes mismos tiene una gran importancia dentro del contexto de la historia china. Durante su mayor apogeo, el territorio del Imperio Liao se extendió por la mayor parte de la Manchuria, así como casi toda la Mongolia, tanto exterior como interior, y parte del norte de China.
Desde el período de las Cinco Dinastías (907-907) hasta la dinastía Sung del Norte (960-1127), las relaciones entre los chinos y los kitanes fueron sumamente complejas, caracterizadas por fuertes conflictos militares y períodos de lazos pacíficos. Tales relaciones tuvieron un enorme impacto en el surgimiento y declive de las dinastías chinas antes mencionadas.

Escritura kitán en un frotado de estela de piedra. Notese la similitud con la escritura china.

El significado histórico de la dinastía Liao radica en su sistema de administración dual, que fue instituido para controlar a diferentes grupos étnicos con diferentes medios. Como sistema institucional, fue adoptado por las dinastías no propias de los chinos han que siguieron a los kitanes. Las mismas son la dinastía Chin (金朝, Jin, 1115–1234), de los jurchen; la dinastía Yuan (元朝, 1127 – 1368), de los mongoles; y la dinastía Ching (清朝, Qing, 1644 – 1911), de los manchúes. Empero, la organización del imperio siguió en su mayor parte al patrón de los modelos chinos.
Más aún, con la destrucción del Imperio Liao por los jurchen en 1125, algunos refugiados kitanes dirigidos por Yuelü Tashih (耶律大石, Yelu Dashi) emigraron hacia el Turquestán y fundaron la dinastía Liao Occidental (1124-1211), conocida también como el Kitán Negro o Kara Kitán (Kara Kitai). Los recién arribados se declararon como kitanes provenientes de Oriente, o sea del territorio chino. Pronto, en Persia surgió el nombre de “Khitán” para denominar a China. Posteriormente, el término fue traducido a los diferentes lenguajes altaícos, semíticos y europeos.
A mediados del siglo XIII, los términos Kytay, Catay, Kitai, Ghotai, Chata, Kataya, Katai, Catai, Kitad, Qitay, Cataya, y Cataio fueron sinónimos de China. Muchos autores de la época, especialmente los escritores árabes usaron el término “Kitán” para referirse a China. Incluso Marco Polo, en su famosa obra sobre sus viajes a China, se refiere al reino que supuestamente visitó como Catay. Cuando Cristóbal Colón emprendió sus viajes hacia el Nuevo Mundo, lo hizo pensando en buscar una ruta alterna para llegar a India y “Catay”.
Cerca de trescientos años duró esta confusión, hasta que fue corregida en el siglo XVI, cuando se comenzó a usar China como nombre del país situado en Asia. En el día de hoy, en ruso y algunas de las lenguas eslavas siguen usando el término “Kitán” como nombre general para denominar a China.
Sin embargo, los kitanes desaparecieron como etnia cuando fueron desbandados por los jurchen, siendo forzados a integrarse con los como ciudadanos jurchen. Siendo pueblos nómadas que fueron conquistados a fuego y hierro, se sintieron avergonzados de la afrenta a sus antepasados y decidieron, como muestra de máximo honor y respeto a su propia dignidad humana, olvidarse de una vez por todas de sus ancestros para adoptar plenamente la nacionalidad jurchen. Estos a su vez, posteriormente se convirtieron en la etnía manchú, que actualmente conserva su identidad étnica, pero se ha adaptado por completo a la tradición de los chinos han, adoptando sus costumbres, apellidos, sentido de identidad y ritos.
El trono en Kara Kitán fue usurpado por los naimanos bajo Kuchlug en 1211; las fuentes tradicionales chinas, persas y árabes consideran esta usurpación como el final del imperio. Los kitanes remanentes que formaron la dinastía Liao Occidental fueron finalmente conquistados por los mongoles en 1218. Algunos de sus integrantes fueron asimilados dentro del pueblo mongol, otros huyeron a diversos poblados menores en la actual provincia de Yunnan y otros países vecinos como Birmania. Adoptaron apellidos chinos y se estima que sobreviven unas 150 mil personas de origen kitán en esas regiones. Desde la dinastía Yuan, fueron clasificados como chinos de la etnia han; sin embargo, en los altares familiares de muchas de estas familias chinas se sigue venerando como antepasado al clan Yelu.
El escritor e historiador Su Sung (蘇頌, Su Song, 1020 – 1101) de la dinastía Sung fue nombrado emisario ante el Estado de Liao en 1072. A su retorno de la misión diplomática compuso el poema Desde una tienda kitán, cuyos versos narran:

Hogar donde van el ganado y los caballos,
bajo un alto cielo y con pocos carruajes.
Cazar durante la temporada es la forma de vida,
sin un nativo en un millar de millas.

Manjares exquisitos de leche y carne de cordero,
lujosos abrigos de pieles y cuero.
Tranquilidad y comodidad en la tierra distante,
abundancia hasta saciar el corazón.


Las cortas líneas describen de forma vívida los paisajes norteños y el estilo de vida libre y animado de los kitanes, siguiendo su tradición nómada. Muchos otros emisarios enviados por la corte Sung también retornaron con impresiones similares acerca de la dinastía Liao.
A pesar de su diferente origen, los kitanes entraron juntos con los mongoles, uigures, huis, tibetanos y otras etnias, y se amalgamaron en ese enorme mar histórico y cultural llamado China.
En Taiwan, muchas familias de apellido Wu, Chang, Ho, Tao, Pai, Huang, Huo, Hu y Chin tienen antepasados kitanes. Esta es una muestra de la diáspora de un pueblo cuyas glorias quedaron eternamente enterradas en el pasado.

martes, 14 de julio de 2009

Las figuras de terracota sonrientes


Vista panorámica de Hanyangling, donde observamos el tumulto funerario del emperador Ching de la dinastía Han.

En la historia antigua, es muy común encontrar episodios de sacrificios humanos en casi todas las primeras civilizaciones del mundo. Los hallazgos de cráneos humanos provenientes del paleolítico superior o neolítico con visibles daños causados por objetos contundentes en enterramientos múltiples demuestran que se practicaba con mucha regularidad la aplicación de una muerte violenta en un intento por satisfacer algo que era concebido como voluntad comunitaria. Esto podía ser el deseo de aplacar la ira de los dioses, o la suplica por lluvias, buena cosecha o una favorable cacería.
En China, los sacrificios humanos fueron inicialmente en honor a las deidades de los ríos, a quienes se les ofrecían varones y mujeres jovenes en un afán por aplacar su ira, y rogar que no produjeran inundaciones. Con el avance tecnológico de la irrigación y el uso de canales de desagüe, estas prácticas perdieron auge y finalmente fueron prácticamente abandonadas a inicios de la dinastía Hsia (Xia, 2100–1600 a.C.).
Posteriomente, durante el Período de los Estados Guerreros (476–221 a.C.), Hsimen Pao (Ximen Bao), funcionario del Estado de Wei, demostró a los campesinos que el sacrificio a las deidades del río no era más que una trama preparada por monjes inescrupulosos que deseaban extraer dinero de las familias para evitar que sus hijos fuesen víctimas “solicitadas por los dioses”. Con este hecho, se terminó definitivamente esta nefasta tradición.
Sin embargo, siguió existiendo otro tipo de sacrificios humanos, incluso más macabro, al menos en términos modernos. Consistía en enterrar vivos a los esclavos junto con sus amos, como parte del servicio fúnebre al fallecer estos últimos.
Con el tiempo, esta tradición se fue extendiendo a los reyes y emperadores al morir, exigiéndose que fuesen acompañados por sus concubinas, pajes, y servidumbre. Obviamente, éstos últimos eran obligados a entrar vivos en la enorme cripta funeraria y quedar encerrados allí para siempre.
Esta práctica fue una norma de Estado durante las dinastías Shang (1600–1046 a.C.) y Chou Occidental (1045–771 a.C.). El último entierro de gran número de acompañantes vivos junto con el monarca ocurrió tras la muerte del rey Hsuan (Xuanwang, antes de 841–781 a.C.). Su hijo, que ascendió al trono con el nombre de rey You, no tuvo entierro formal, ya que murió cuando su palacio fue invadido por bárbaros de la tribu nómada de los Chienjung (犬戎, Quanrong).
La subsecuente dinastía Chou Oriental (770–249 a.C.) fue una era tumultosa e inestable, razón por la cual los monarcas ya no tuvieron mucho tiempo para preparar los elaborados funerales de Estado del pasado. Además, la era terminaría en el agitado Período de Primavera y Otoño, donde además de prevalecer muchas escuelas del pensamiento, hubo luchas y contiendas entre las diferentes facciones políticas que derivaron de dichas corrientes intelectuales. Eso condujo al fin de la dinastía Chou.
El sacrificio de esclavos de alta jerarquía, pajes, concubinas y sirvientas era denominado hsun tsang (殉葬, xun zang), o sacrificio de entierro. El propósito de esta bárbara costumbre era dotar de acompañantes al monarca fallecido para que le sirviese en la otra vida.
Al inicio, las víctimas eran decapitadas o enterradas vivas junto al monarca o noble fallecido. Posteriormente, las víctimas eran forzadas a cometer suicidio, que era considerado una forma noble de morir, ya que se conservaría intacto el cadáver. El sacrificio humano para funerales fue abolido en el año 384 a.C., durante la dinastía Chin (Qin, 221–206 a.C.)
Si bien la dinastía Chin fue de corta duración, tuvo notables contribuciones en la formación de la nacionalidad china. Al igual que la mayoría de los regímenes de mano dura en tiempos de desorden, Chin Shih-huang (Qin Shi Huang, 259 –210 a.C.) ha sido denominado déspota o tirano por muchos historiadores. Empero, durante su corto reinado llevó a cabo importantes reformas económicas y políticas. Terminó con el extendido debate intelectual de las eras anteriores y ordenó la quema de libros, con el fin de imponer un nuevo orden académico, más pragmático y menos retórico.
Entre sus obras más impresionantes tenemos la Gran Muralla de China, un masivo sistema de carreteras que opera hasta el día de hoy, así como el mundialmente famoso mausoleo de los guerreros de terracota al tamaño natural. Todo esto tuvo un gran costo, la pérdida de innumerables vidas humanas.
Si bien su gobierno autocrático fue severo, no podemos negar que jugó un papel trascendental en la unificación de China y el sistema administrativo que creó ha mantenido vigencia hasta el día de hoy, en China y en el mundo entero, bajo la forma del concepto de un gobierno unitario e indisoluble. Tal vez, resulta importante que los historiadores hagamos una rectificación de los prejuicios ideológicos contra el estado legalista de Chin, al igual que con muchos otros así llamados “tiranos” y “déspota” a través de la historia universal.
La repentina muerte de Chin Shih-huang significó el colapso final de la corta dinastía. Creyendo que lograría obtener el elíxir de la inmortalidad, Chin no designó a su heredero, motivo por el cual se produjo una lucha por el poder entre sus dos hijos. A finales, Liu Pang (Liu Bang, 256 ó 247–195 a.C.), un líder campesino, dirigió una revuelta tres años después de la muerte del Emperador y destronó la dinastía, dando origen a una nueva, la dinastía Han, que se extendería por cuatro siglos.
Los primeros años de la nueva dinastía fueron terribles y el pueblo sufrió de la carestía heredada del anterior período imperial. Sin embargo, los primeros emperadores Han restauraron el orden muy pronto, y ya para el tercer y cuarto emperador, la nación china disfrutaba de un auge nunca ante visto.





Estatuilla femenina con las manos extendidas. Probablemente llevaba algún objeto hecho de madera u otro material que fue destruido con el pasar del tiempo.


La dinastía Han fue una era de prosperidad económica, floreciendo el comercio a través de la institucionalización de la moneda, un sistema que siguió en uso hasta dos siglos después del colapso de dicha dinastía. Por otro lado, la Corte nacionalizó las industrias de la sal y el hierro, que hasta ese entonces estaba en manos privadas. Con estas dos industrias esenciales, la dinastía pudo pagar los gastos de su aparato militar. También se fortalecieron las arcas del imperio con la imposición de impuestos a la empresa privada. En esa dinastía, también se adoptó el confucianismo como pensamiento socio-político, sistema que prevaleció casi intacto hasta 1911, al ser derrocada la dinastía Ching.
Los reinados de los emperadores Wen (202 –157 a.C.) y Ching (Jing, 188–141 a.C.) constituyeron un período de benevolencia y austeridad de los gobernantes, quienes sacrificaron la mayor parte de la opulencia de la vida palaciega en favor de reducciones de los impuestos y alivio a las cargas financieras del pueblo.
El período, conocido como “Reinado de Wen y Ching”, se caracterizó por la estabilidad política y una paz general por todo el imperio. Las teorías políticas de la época comenzaron a ser fuertemente influenciadas por el taoísmo. El “Reinado de Wen y Ching” ha sido considerado como una de las edades de oro de la historia china.
Un texto antiguo describe la situación de esa era: “Los ciudadanos comunes tenía suficientes medios de vida, los almacenes en las áreas urbanas y rurales estaban repletas. El Tesoro gubernamental tiene excedente de riquezas. En la capital, el dinero en efectivo se acumulaba en millones, en tal cantidad que muchas veces el papel moneda se pudría...”
Una forma de analizar la sociedad de ese entonces consiste en analizar la cerámica funeraria desenterrada en el Mausoleo Yang del emperador Ching de la dinastía Han, ubicado al norte de la actual ciudad de Si-an (Xian), en la provincia de Shaanxi, China continental. El sitio, actualmente convertido en un museo, ha sido sujeto a excavaciones arqueológicas a partir de 1990.
El emperador Ching, cuyo nombre real era Liu Chi (Liu Qi), reinó durante 17 años, y a su muerte, fue enterrado en Yangling. Posteriormente, su esposa, la emperatriz Wang, también fue enterrada en ese sitio.
Al igual que otras tumbas imperiales del período Han, una característica sobresaliente es la presencia de muchas figuras funerarias, que cumplían el papel de los enterramientos vivos que se hacían en las eras anteriores.
Al partir de Chin Shih-huang, las figuras de terracota y cerámica colorida reemplazaron a las personas vivas, en la función de acompañar al fallecido monarca en la otra vida.
Los guerreros de terracota de la tumba de Chin son universalmente famosos y son impresionantes por el tamaño real de los mismos y el vivo semblante que poseen sus caras.
Si bien las figuras de terracota del período Han son menos espectaculares que los guerreros de terracota, debido a sus dimensiones más reducidas; empero muestran con asombrosa fidelidad la vida diaria de esa época.
Las figuras de terracota desenterradas en el Mausoleo Yang del emperador Ching de la dinastía Han son apenas un tercio del tamaño de los guerreros de Chin Shin-huang. Pero, tienen líneas más suaves y expresiones faciales más ricas, generalmente con una sonrisa mística en sus rostros. A diferencia, los guerreros de terracota lucen severos y amenazadores. Por otro lado, éstos últimos se encuentran de pie y actitud de alerta. Las figurillas de Han tienen diferentes posturas y sus movimientos son más complejos.
Otro aspecto sobresaliente lo tenemos en las figuras humanas, donde encontramos mujeres y eunucos, a diferencia de los varoniles guerreros de Chin. También hay una gran cantidad de animales domésticos, tales como perros, cerdos, cabras, vacas y aves de corral. Todas las figuras están hermosamente pulidas y pintadas con colores vistosos. También se encuentran una gran cantidad objetos de uso diario, tales como cocinillas, lámparas de aceite, utensilios, tejas para techo, etc.
Una curiosidad de estos desenterramientos ha sido la presencia de un buen número de estatuillas desnudas, donde se hayan representado los dos sexos, además de muchos eunucos. Las proporciones y características genitales resultan bien proporcionadas, para la época de que provienen.
En realidad, tales estatuillas tenían originalmente vestidos de papel y seda, que con el paso de los milenios, se fueron deteriorando hasta el punto de desaparecer, dejando en cueros a sus diminutos dueños.
Todas esas reproducciones en terracota nos dan una idea del progreso tecnológico y la comodidad de la vida en esa época. También nos presentan el contraste de una sociedad amenazada permanentemente por la guerra y la incertidumbre, y una donde se disfruta de una relativa calma.
La sonrisa en sus rostros constituyen señal de un estilo de vida pacífico y relativamente desahogado, donde el pueblo no tenía que estar en permanente alerta contra las invasiones enemigas.
(Fotos cortesía del Museo Nacional de Historia, Taipei, Taiwan, República de China)

miércoles, 17 de junio de 2009

La batalla del Acantilado Rojo


Una de las novelas clásicas de China más conocida tal vez sea El Romance de los Tres Reinos. La obra, escrita por Lo Kuang-chung (羅貫中, Luo Guanzhong aproximadamente 1330~1400), es una novela histórica china basada en los años cercanos al fin de la dinastía Han (202 a.C.-220 d.C.), y el período de los Tres Reinos (220-280). Ha sido aclamada como una de las cuatro novelas clásicas chinas, y consta de más de 800 mil caracteres chinos, cerca de mil personajes y 120 capítulos.
Uno de los aspectos más sobresalientes de la obra es la complejidad extrema de sus historias y personajes. La novela cuenta con varios fragmentos que podrían ser considerados novelas íntegras en sí.
A pesar de la complejidad de los personajes descritos, El Romance de los Tres Reinos gira básicamente en torno a cuatro héroes chinos de esa época: Liu Pei (劉備, Liu Bei, 161-223), Kuan Yu (關羽, Guan Yu, ? -219) y Chang Fei (張飛, Zhang Fei, ? -221); que se han vuelto legendarios en la literatura, las artes y la religión folklórica en China y muchas otras naciones limítrofes. Entre los villanos de la obra, sobresale Chao Tsao (曹操, Cao Cao, 155-220).
Los tres reinos se refieren a los estados de Wei (魏), Shu (蜀), and Wu (吳). Los tres estados surgen como resultado de un caos en los últimos días de la dinastía Han Oriental, donde los emperadores de dicha era fueron perdiendo paulatinamente el poder como consecuencia de las intrigas palaciegas, gestadas en su mayor parte por los eunucos de la Corte. Referirse a ellos como reinos es un poco inexacto, ya que cada estado estaba dirigido por un emperador que reclamaba ser el legítimo heredero del trono Han.


El Acantilado Rojo, por Wu Yuanzhi (producido posiblemente entre 1190 y 1196), dinastía Tsin. Tinta sobre papel, obra enrollada. Un magnífica descripción en tinta del famoso sitio.

Históricamente hablando, el Período de los Tres Reinos se extiende desde la fundación del Estado de Wei en 220 a la conquista del Estado de Wu por Szuma Yen (司馬炎, Sima Yan, 236-290), que condujo a la creación de la dinastía Tsin en el año 280. Sin embargo, muchos historiadores chinos extienden el inicio de este período a la Rebelión de los Turbantes Amarillos en 184.
En la tradición oral china, hubo muchos relatos y mitos acerca de los Tres Reinos, incluso mucho antes que surgieran las compilaciones escritas. En esas narraciones orales, los personajes eran descritos con características exageradas, tornándolos en seres inmortales o supernaturales. Durante la dinastía Yuan, donde los mongoles asumieron el poder, las narraciones acerca de la historia de los Han adquirieron gran popularidad, llegando a surgir las primeras obras escritas durante la siguiente dinastía Ming.
El autor de El Romance de los Tres Reinos se basó registros históricos disponibles en su época, incluyendo la obra Registros de los Tres Reinos (三國志), escrito por Chen Shou (陳壽, 233-297), que fue un funcionario de esa época. A través del tiempo, la obra original de Lo Kuang-chung fue editada en varias ocasiones, siendo la más reciente durante el reinado del emperador Kanghsi (1661-1722) de la dinastía Ching (1644-1912), por Mao Lung (毛綸) y su hijo, Mao Tsung-kang (毛宗崗; Mao Zonggang, 1632-1709).
La novela histórica resalta los valores confucianistas que estaban en auge durante la época en que fue escrita. Según las normas morales confucianistas, la lealtad hacia la familia, los amigos y superiores de uno era un patrón importante para distinguir a las personas buenas y malas. Por ende, los personajes que no eran leales a la decadente dinastía Han son mostrados como malas personas. Obviamente, esas interpretaciones han cambiado con los tiempos, y dentro del contexto de la ideología comunista prevaleciente en China continental, estos mismos personajes son presentados como representantes de las masas sufridas que intentan derrocar a los señores feudales que les oprimen.
Entre los capítulos de El Romance de los Tres Reinos, sobresale el episodio de la Batalla del Acantilado Rojo, donde Chao Tsao, habiéndose autodeclarado primer ministro mandó a sus tropas hacia el sureste de China, tras haber unificado el norte. Para resistir la invasión de Chao, Liu Pei envía a Chuko Liang (諸葛亮, Zhuge Liang, 181-234) para persuadir a Sun Chuan (孫權, Sun Quan, 182-252 ) que formase una coalición contra Chao Tsao.
En Hsin-yeh (新野, Xinye), Chao es derrotado dos veces por las fuerzas de Liu Pei, pero al final, Liu pierde el pueblo y tiene que trasladarse a Ching-chou (荊州, Jingzhou).
Con anterioridad, Liu Pei había logrado control de ciertos territorios con la ayuda de algunos rebeldes que sobrevivieron la Rebelión de los Turbantes Amarillos; pero fue derrotado en dos ocasiones por Chao Tsao. Liu Pei no tuvo otra alternativa que trasladarse a Ching-chou en busca de la protección de Liu Piao (劉表, Liu Biao), gobernador del territorio. Estando en Hsin-yeh, Liu Pei recluta al famoso estratega militar Chuko Liang, quien le ayuda a reorganizar sus tropas y las instruye con mejores habilidades de combate.


Anterior Oda al Acantilado Rojo, Su Tung-po (Su Shi, 1036–1101), dinastía Sung. Tinta sobre papel, obra enrollada. En la obra se notan los trazos enérgicos de la caligrafía del famoso autor y poeta.

Desafortunadamente, Liu Piao fallece, y sus dos hijos, Liu Chi (劉琦, Liu Qi) y Liu Kung (劉琮, Liu Cong) inician una lucha por controlar Ching-chou. Liu Pei conduce a los civiles de Hsin-yeh a Hsiang-yang (襄陽, Xiangyang), donde Liu Kung gobernaba pero le negaba acceso a Liu Pei. Posteriormente, Liu Kung se rinde ante las tropas de Chao Tsao; y Liu Pei se ve obligado a replegarse a Chiang-hsia (江夏, Jiangxia), donde gobernaba Liu Chi. En su huida, fue perseguido por las tropas de Chao, pero después de llegar a Chiang-hsia, Liu Pei establece una base fuerte de resistencia contra la invasión de Chao Tsao.
Tras varias intrigas por parte de otros comandantes de las unidades de Sun Chuan, finalmente Chuko Liang logra la colaboración de ellos y se forma una alianza justo cuando se avistaban de lejos las fuerzas de Chao. Finalmente, Chao Tsao es derrotado en la región del Acantilado Rojo, por las fuerzas combinadas de Liu Pei y Sun Chuan. Chao se ve forzado a huir de vuelta a Ching Chou. Este episodio es también conocido como la Batalla de Chibei (赤壁之戰).
Liu Pei y Sun Chuan frustraron en forma exitosa la ambición de Chao Tsao de conquistar las tierras al sur del río Yangtse y reunificar el territorio de la dinastia Han Oriental. La victoria de los aliados en el Acantilado Rojo aseguró las vidas de Liu Pei y Sun Chuan, al controlar la navegación en el río Yangtse. También formó una línea de defensa que sirvió posteriormente para la fundación de los sureños reinos de Shu y Wu.

Sello tallado con bajo relieve sobre el Acantilado Rojo. Piedra Shoushan, 4,2 x 4,3 x 9 cm., dinastía Ching (1644-1911).

En junio de 2009, el Museo Nacional del Palacio (NPM, siglas en inglés) inauguró una exhibición que enfoca el legendario Acantilado Rojo desde una perspectiva artística y en base a antigüedades. En la muestra se encuentran documentos históricos, libros, obras de arte, piezas literarias y grabados que describen algunos personajes y la época en que se produjo la famosa batalla.
Se trata de presentar una vista panorámica de la Batalla del Acantilado Rojo, así como su rica y notoria influencia en la historia, arte y literatura. El evento ha inspirado la imaginación creativa de los chinos durante milenios. Poetas, pintores, calígrafos, compositores, novelistas y muchos otros especialistas de la creatividad en todas sus gamas, han exaltado los aspectos históricos y románticos del legendario combate.
La muestra del NPM nos presenta obras de autores famosos como Su Tung-po (蘇東坡, Su Dongpo, 1037–1101), quien ha sido universalmente elogiado por su Odas al Acantilado Rojo, escrito tras un viaje al sitio junto con un amigo. También encontramos pinturas y otros objetos de arte que muestran el semblante del sitio donde se produjo la histórica batalla.
La influencia de la Batalla del Acantilado Rojo no sólo se limita a las expresiones artísticas tradicionales, sino que también ha sido tema de muchas modernas producciones del cine y la televisión.
El reconocido director de cine, John Woo, reprodujo en forma emótiva en el celuloide dicha batalla en su monumental obra cinematográfica Acantilado Rojo (赤壁), que ha sido presentada en dos partes, con un total de más de cuatro horas. La primera parte fue estrenada en julio de 2008, y la segunda en enero del siguiente año.
Acantilado Rojo es protagonizada por Takeshi Kaneshiro (La casa de las dagas voladoras), Tony Leung (Deseo, peligro) y Zhao Wei (Shaolin Soccer) entre otros. El rodaje de la primera parte supuso una inversión de 80 millones de dólares estadounidenses, convirtiéndose en la película china más cara hasta la fecha. En Asia, la primera parte del filme obtuvo una ganancia neta de 124 millones de dólares y rompió el récord de taquilla, hasta esos momentos ocupado por Titanic, en muchos países asiáticos, incluyendo China continental.
La película se basó primordialmente en los registros históricos de la Crónica de los Tres Reinos, en vez de la novela El Romance de los Tres Reinos, impartiendo un trato históricamente más justo a personajes tales como Chao Tsao y Chou Yu, quienes tradicionalmente han sido descritos como villanos en las obras literarias.
En resumen, el tema tratado describe una era de confrontación y rivalidad entre héroes de cada uno de los bandos que intervinieron en medio de la gran tensión, el momento decisivo y el drama. Antes y después de la Batalla del Acantilado Rojo, los líderes de Wei, Shu y Wu hicieron todo lo posible para reclutar los mejores talentos para sus respectivos campos. Fueron estos dinámicos talentos quienes con su personalidad propia, impregnaron esa aura mística y romántica al histórico evento, impartiéndole un atractivo que no ha cesado de atraer la atención del pueblo chino.

(Fotos cortesía del Museo Nacional del Palacio, Taipei, Taiwan, Rep. de China)

martes, 12 de mayo de 2009

Reunión en el Inframundo: el Duque Chuang de Cheng



En el año 771 a.C., el príncipe heredero de la dinastía Chou (Zhou), Chü Yi-chiu (姬宜臼, Ji Yijiu, ? – 720 a.C.), traslada la capital del reino desde Tsungchou (宗周 [鎬京], Zongzhou) a Chengchou (成周, Chengzhou), actualmente conocida como Luoyang, una ciudad de la provincia de Henan, dentro del Valle del Río Amarillo. Este masivo desplazamiento urbano dio inicio a la Dinastía Chou Oriental.
La anterior Dinastía Chou Occidental, fundada en 1045 a.C. tras el colapso de la dinastía Shang (1600 – 1046 a.C.), se inició como una amalgama de ciudades-estados que se fue progresivamente centralizando con instituciones políticas y económicas de funciones cada vez más específicas. Ya para los últimos tiempos de la dinastía, hubo gran control central sobre los gobiernos locales y un sistema de impuestos agrarios. Los funcionarios no recibían salarios, sino regalos de forma semi-regular, por parte del Rey. Generalmente, tras alguna actuación sobresaliente, el funcionario recibía terrenos y viviendas. La estabilidad del imperio se mantuvo a través del matrimonio entre miembros de la Corte con los nobles locales, así como la adjudicación de territorios en regiones distantes a familiares del monarca.
El último monarca de Chou Occidental, Rey You, se enamoró de una plebeya, Pao Szu (褒姒, Baosi), quien fue presentada como regalo al monarca por el hijo de un funcionario de la Corte que había sido condenado a muerte. Según la tradición, Pao Szu fue la mujer china más bella que nunca haya existido.
El Rey You quedó tan enamorado de ella, que descuidó totalmente las funciones de la Corte y se divertía haciendo llamados de falsa alarma para reunir a las tropas de todos los nobles, algo que excitaba a Pao Szu.
Originalmente, el Rey You estaba casada con una consorte real, siguiendo las normas de la etiqueta imperial. Pero, el monarca no quiso hacer caso a las instrucciones y las desdichas que según los textos canónicos antiguos acarrearía un acto de esta naturaleza. Para complacer a su nueva concubina, el Rey You ordenó el destierro de la Reina.






Un carruaje del Período de Primavera y Otoño.

Los llamados de falsa alarma cerraron el destino final del extravagante monarca. En una rebelión por la tribu nómada de los Chienjung (犬戎, Quanrong) en el año 771 a.C., el Rey You pidió auxilio de las tropas de los nobles, pero éstos, creyendo que se trataba de otro acto de diversión del monarca, hicieron caso omiso al llamado. Finalmente, los bárbaros irrumpieron en el palacio, mataron al Rey You; y Pao Szu despareció en forma misteriosa en medio de la trifulca militar.
La Dinastía Chou Oriental se extiende del año 771 al 256 a.C., aunque existen ciertas discrepancias entre los historiadores acerca de cuál es la fecha o el evento que definitivamente marca el fin de esa era. En términos generales, los historiadores dividen esta turbulenta época de la historia antigua de China en el Período de Primavera y Otoño (721 – 481 a.C.) y el período de los Estados Guerreros (403 – 221 a.C.). En esta dinastía, el monarca seguía en el trono, pero carecía de poder real alguno.
Durante su huida hacia oriente, el príncipe Chü Yi-chiu fue protegido por los nobles de Chi (齊, Qi), Cheng (鄭, Zheng) y Tsin (晉, Jin), en contra del ataque de tribus bárbaras y de otros nobles rebeldes. En la nueva capital, la Corte Chou carecía de un verdadero control de los territorios orientales. Incluso cuando Chü Yi-chiu fue coronado, tuvo que hacerlo bajo el apoyo y protección de los Estados antes mencionados.
El dominio del monarca estaba esencialmente limitado a la capital, Chengchou (actual Loyang), y algunas áreas circundantes. Los subsecuentes reyes de la dinastía Chou Oriental tuvieron que pedir con frecuencia la ayuda de los poderosos Estados vecinos para proteger el reino y resolver luchas internas por el poder. La Corte Chou no volvió nunca a recobrar su autoridad original y el monarca era más bien un rey de jure, que mantenía el título del “Mandato Celestial”, pero que en la realidad no tenía poder alguno. Sencillamente, era una figura decorativa que sobresalía entre los Estados feudales.
El primer noble que ayudó a los reyes Chou fue el Duque Chuang de Cheng (鄭庄公, Duque Zhuang de Zheng, 757 – 701 a. C.). Chuang fue el primero en establecer el sistema Pa (霸, ba), donde se impuso una hegemonía con el fin de retener el viejo sistema proto-feudal. Este sistema permitió mantener una relación entre los Estados feudales y la Corte Chou Oriental para integrar sus fuerzas con el propósito de hacer frente a las invasiones por las tribus nómadas que moraban fuera de los confines del imperio.
El Duque Chuang de Cheng fue el tercer gobernante del Estado de Cheng. Su nombre era Chü Wu-sheng (姬寤生, Ji Wusheng), cuyo apellido demostraba su ascendencia real, y cuyo nombre significaba “nacimiento difícil”. Era hijo del Duque Wu (鄭武公, 771 – 774 a.C.) y Wu Chiang (武姜, Wu Jiang).
Chuang era el mayor de los dos hijos y por lo tanto, era el heredero al trono, pero su madre quería más a su hermano menor, Chü Tuan (姬段, Ji Duan), conocido también como Kung-shu Tuan (共叔段, Gongshu Duan). La razón era muy sencilla, cuando su madre dio a luz al hijo mayor, tuvo un parto anormal y difícil. En una de esas extrañas circunstancias de la naturaleza, Chuang salió del vientre diferente a la mayoría de los bebés, con los pies primero. Esta alumbramiento se demoró mucho, ya que la partera tuvo que meter uno de los pies del niño varias veces para que saliesen los dos juntos. El dolor que tuvo que soportar la madre fue tremendo y casi le cuesta la vida.
Tras haberlo parido, Wu Chiang ordenó a la niñera que se deshiciera del niño. Por haber estado tanto tiempo con la cabeza dentro del vientre de su madre, Chuang no lloró después del nacimiento, más bien estaba un tanto sofocado.
El Duque Wu, su padre, ordenó a la niñera que le trajera a sus brazos al recién nacido tras escuchar la decisión de su esposa. El trató de convencerla que no se deshiciera del recién nacido, pero Wu Chiang estaba determinada con su decisión de castigar al inocente que la había hecho sufrir tanto.
Impotente, el Duque Wu abrazó al recién nacido y le dijo: “Mala suerte tienes hijo mío. Pero, te daré un nombre, Wu-sheng, que quiere decir ‘nacido rebelde’. No importa dónde vayas, siempre que recuerdes tu nombre, no habrás nacido en vano”. Al terminar de decir estas palabras, el niño se recobró de su sofocación inicial y comenzó a llorar.
La madre al escuchar el lamento del bebé, y ante la insistencia de su marido, asintió a criarlo. Pero al nacer su segundo niño, Tuan, y tener un parto natural y tranquilo, Wu Chiang comenzó a desarrollar una predilección especial por el menor y una especie de odio oculto en contra de su hijo mayor.
Sin embargo, el Duque Wu observó el comportamiento de sus dos hijos durante mucho tiempo; y llegó a la conclusión de que si bien Tuan era físicamente más apto y valiente, carecía del carisma y la benevolencia de su hermano. Por esa razón, decidió cumplir con las normas de la cortesía de la casa de los Chou y nombrar al mayor como heredero al trono. No había razón alguna para cambiar esa costumbre, al menos en el caso de sus dos hijos.
Para ser un tanto justo, el Duque Wu designó un pequeño pueblo alejado de la capital como territorio de Tuan. La madre no estaba complacida con la decisión del duque y trató en varias ocasiones de cambiar su determinación, pero todo fue en vano.
En el año 744 a.C., el Duque Wu fallece y Chuang asciende al cargo de Duque de Cheng. Poco después de ocupar el trono, Wu Chiang visita a su hijo y le reclama por una supuesta injusticia en contra del hijo menor. Con la benevolencia que siempre le destacó, Chuang preguntó a su madre qué deseaba que hiciera por Tuan, su hermano menor.
En primer lugar, ella pidió que el Duque otorgara la ciudad de Chingchen (京城) a su hijo menor. En esos momentos, Ching-chen era la segunda ciudad más importante del Estado de Cheng. A pesar que estaba en desacuerdo y los miembros de su Corte le pidieron que rechazará la solicitud, el Duque accedió al pedido de su madre y otorgó Chingchen como un feudo de su hermano menor, Tuan.
Al ver que había resultado su plan, Wu Chiang pide a Tuan que fortificara la ciudadela, almacenara armamentos y reclutase mercenarios para su causa rebelde. No contenta con la situación, la madre visita de nuevo al Duque y le pide en esta oportunidad que le conceda varias divisiones de sus tropas para reforzar la defensa de Chingchen. Tras dudarlo por un momento, Chuang también accedió a la petición de su madre.

La revuelta de Tuan
Ante todos los factores a su favor, Tuan se sentía complacido y confiado en poder llevar a cabo su revuelta contra el Duque. Pero, no encontraba en momento oportuno. Su madre decide ayudarla y procura conocer los planes de su hijo mayor.
Pronto, los rumores de una inminente revuelta por parte de Tuan llegaron a oídos del Duque Chuang. Sus ayudantes sugirieron retomar Chingchen de manos de su hermano menor, antes que fuera demasiado tarde. Sin embargo, Chuang rehuso tomar acciones contra su hermano menor, diciendo que Tuan no había cometido falta alguna y que lo único que hacía era reforzar las defensas contra los invasores bárbaros. Afirmó que como hermano mayor, no podía desconfiar de su hermano menor.
En cierta noche, Chuang ve pasar la sombra de su madre por los corredores del palacio en medio de la oscuridad. Decide llamar a un par de su más cercanos ayudante y en voz alta, le comunica que se estaba preparando para viajar a Chengchou (actual Loyang) para unas consultas diplomáticas. Para la gira, designa a uno de los funcionarios presentes como encargado del trono; mientras ordena a otro para que lo acompañase en su comitiva.
Al salir los funcionarios del palacio, Chuang pudo ver a su madre pasar apresuradamente por los pasillos para dirigirse a su recámara. Por dentro, y en voz baja dijo: “Madre, ¿qué haces fuera de su casa tan tarde en la noche? Ojalá que la oscuridad de la noche no te guíe por el mal camino”.
Wu Chiang envia una carta secreta con un emisario a Tuan, comunicándole que el Duque saldría de viaje y que era el momento oportuno para asediar la capital y arrebatar el trono a su hermano. Además, le aseguraba que ella abriría las puertas de la ciudad para que entrase sin problemas con las tropas a su mando.
Llegó el día de la partida hacia Loyang y pronto, Tuan, al mando de un poderoso ejército sitió a la capital. El alzado en armas no se percató de algo muy importante en el campo militar, el espíritu de obediencia hacia sus superiores. Sin bien las tropas habían sido asignada bajo su mando, las mismas tenían una obligación de acatar órdenes de los oficiales superiores, que estaban en la corte del Duque Chuang. Al ser informado acerca del sitio, Chuang manda a los superiores que ordenen el retiro de las tropas leales que se encontraban con Tuan. A la vez, les indicó que dejasen un pequeño puñado de soldados, los más viejos, acompañando a su hermano menor.
Cuando creyó que era el momento preciso del ataque, quiso reunir a sus tropas para darles instrucciones de la operación. Para su sorpresa, la reducida soldadesca que le acompañaba le informó que el grueso de las tropas se había retirado bajo órdenes de los generales que estaban con Chuang.
Bajo la protección de las tropas, Chuang retorna rápidamente a la capital. Viendo que todo ya estaba perdido, Tuan se suicida. Al escuchar la muerte de su hermano, Chuang corre hacia el cadáver de Tuan y lo abraza, diciendo en medio de las lágrimas: “¿Por qué has tomado tu vida? Acaso no sabes que como hermano, siempre perdonaré tus faltas, por más graves que sean”.

La reunión en el inframundo
Al día siguiente, Wu Chiang ingresa presurosa a la corte del Duque Chuang y le reclama por la vida de su hijo predilecto muerto. Chuang se voltea y le dice a su madre: “A ti también quiero pedirte una persona”. Sorprendida, Wu Chiang pregunta: “¿A quién quieres que te entregue?”. Sumamente enojado, el Duque le increpa: “A mi hermano, a quien empujaste a la muerte por tus intrigas”.
Parándose de su trono, ordena el destierro de su madre, diciendo: “Sal inmediatamente de aquí, quiero que te vayas lejos de esta ciudad. Ya no quiero volver a verte, sólo volveré a reunirme contigo en el inframundo”. Enseguida, llamó a su guardia y dio instrucciones para que se llevasen a su madre a un sitio lejano.
Pasado cierto tiempo, un funcionario de su corte trajo al Duque Chuang un enorme búho enjaulado y le dijo que era el ave que más merecía ser comido. Chuang le preguntó si era porque su carne sabía mejor que la de una perdiz. El funcionario le dijo que no, sino porque era un ave ingrata, que al crecer se comía a su madre antes de volar del nido.
Perplejo, el Duque Chuang le preguntó cuál era la razón de traerle semejante ave, a lo que el funcionario le respondió con una amonestación sobre la piedad filial.














Restos de una ofrenda funeraria del Estado Cheng desenterrados en una excavación arqueológica.

Durante la comida, observó que el funcionario se guardaba para sí las presas de carne que no se habían comido durante el evento. Extrañado por su acción, preguntó por qué procedía de esa forma. En forma cortés, le dijo que guardaba los sobrantes para llevarselos a su madre, ya que como eran pobres, no comían carne sino un par de veces al año.
El Duque Chuang alabó la piedad filial del funcionario y se lamentó que no podía hacer lo mismo ya que su madre estaba desterrada y él había jurado no volverla a ver jamás, al menos que fuera en el averno.
El funcionario se paró y le dijo que tenía un plan para lograr que su amo se volviese a reunir con su madre, a la vez que mantuviese firme su juramento. En esa época, los monarcas y nobles daban su vida por la palabra dicha, ya que por encima de todo reinaba la sinceridad.
“¿Acaso pretendes que me muera?”, increpó a su súbdito. “No mi señor, al contrario, tengo un plan magnífico con el que lograríamos ambas cosas”, respondió el funcionario.
“He encontrado una caverna con un río subterráneo de aguas amarillas. El sitio luce bastante ideal para imitar el infierno, y podría reunirse allí con su madre”, le sugirió.
El funcionario mandó a esculpir las letras “terma amarilla” en la entrada de la cueva, ya que en chino al inframundo se le denomina como el Reino de la Terma Amarilla.
Poco después, el Duque Chuang se dirigió hacia dicho lugar, donde previamente habían traido a su madre. Hijo y madre se reunieron en medio de las lágrimas, y se perdonaron mutuamente por los malos entendidos que tuvieron anteriormente. Así, Chuang pudo llevarla de nuevo al Palacio y cumplir con su obligación como hijo de cuidar a la madre siendo anciana.

Herir al Rey, pero no matarlo
Tras la muerte del Rey Ping de la dinastía Chou en el año 719 a.C., fue sucedido por el Rey Huan. Poco después de ascender al trono, Huan ordenó la destitución del Duque Chuang y lo despojó de su título nobiliario. Considerando que esta acción era un acto de mal gesto, ya que había protegido y ayudado a su padre en la huída hacia la nueva capital imperial, Chuang rehusó volver a presentarse en el palacio imperial y rendir tributo al nuevo rey.
Indignado por la acción de su vasallo, el Rey Huan formó una alianza con otros Estados vecinos y emprendió una campaña militar en contra del Estado de Cheng en el año 707 a.C. Frente a su ejército, el Duque Chuang derrotó al ejército agresor y humilló al monarca. En medio de la batalla, hizo que hirieran al Rey Huan disparando una flecha contra su brazo. Al conocer del hecho, ordenó que no matasen al monarca, quien pudo escapar herido junto con los sobrevivientes de su derrotado ejército.
Posteriormente, Chuang castigó a los Estados que habían ayudado en la campaña del Rey Huan. Con la lección recibida, el monarca tuvo que tragarse su amargura y aprender a vivir en paz con quien había sido siempre amigo y benefactor de su padre.
Desafortunadamente, cuando el Duque Chuang de Cheng fallece en el año 701 a.C., sus dos hijos iniciaron una larga guerra civil por lograr el mando en el Estado de Cheng. Al igual que los otros Estados del Período de Primavera y Otoño, finalmente terminaría conquistado por el Estado de Chin, al culminar el siguiente Período de los Estados Guerreros.

miércoles, 22 de abril de 2009

Li Tzu-cheng y la efímera dinastía Shun

En los últimos días de la dinastía Ming (1368 – 1644), los eunucos adquirieron gran poder y consolidaron el control sobre el imperio en forma siniestra a través de una especie de servicio secreto, denominado la Guarnición de Occidente.
Los eunucos, que originalmente eran varones castrados y destinados a la servidumbre dentro de la corte imperial, logran virtualmente apoderarse de los controles del Estado a través de este servicio secreto, que era supervisado por la Dirección del Ceremonial; otro organismo de corte totalitario controlado por los eunucos. Al igual que el personal del servicio civil, los eunucos también tenían rangos, pero en vez de nueve grados como los funcionarios, éstos sólo tenían cuatro grados.
En complicidad con príncipes, miembros de la nobleza y funcionarios locales corruptos, los eunucos montaron un enorme aparato de explotación y represión inmisericorde contra el pueblo. Los más sufridos de todos eran, sin lugar a dudas, los campesinos; quienes tenían que cargar con casi todo el peso de los impuestos imperiales. Indistintamente si había o no una buena cosecha, el Imperio exigía siempre el pago puntual de los impuestos.
Cada vez que surgía alguna crisis o conflicto en el país, y las arcas del Estado comenzaban a quedar vacías, se recurría al campesinado para exigirle más impuestos a través de los odiados, pero temidos, edictos imperiales. La lógica de la Corte era que los agricultores sacaban frutos de la Tierra, sin mayores inversiones que el esfuerzo físico. Por lo tanto, era natural que contribuyesen con el Imperio a través del pago de impuestos. Los artesanos y comerciantes tenían que hacer inversiones para adquirir sus materias primas y bienes; y por lo tanto, supuestamente sus ganancias eran muy limitadas. Además, estos últimos siempre hacían donaciones voluntarias a las autoridades locales; por lo que no había que exigirles tantos impuestos como a los agricultores.
Las sequías de los últimos días de la dinastía Ming, junto con la corrupción generalizada producto del contubernio entre eunucos, funcionarios corruptos y los nobles, comenzó a surgir revueltas de los campesinos por toda China. Los soldados enviados a sofocar estos levantamientos populares estaban mal entrenados, mal pagados y con escasa alimentación; además, generalmente tenían que caminar grandes distancias para llegar al lugar de los hechos. En consecuencia, la moral era baja y había mucha indisposición para reprimir a los alzados. Era frecuente ver cómo los soldados eran derrotados por las masas, o sencillamente desertaban antes de enfrentarse a ellas. Por otro lado, las tropas tenían que combatir frecuentes incursiones por parte de los manchúes en el norte del país. Así, comenzó a surgir un inminente colapso del mando militar.
En 1640, masas de campesinos chinos hambrientos, incapaces de cumplir con el pago de los impuestos y alentados por las derrotas del ejército imperial, comenzaron a formar grandes bandas de rebeldes.
Frente a los inútiles esfuerzos represivos por las tropas, se multiplicaron rápidamente las revueltas en las provincias. Pronto, los rebeldes llegaron a la capital, donde amenazaban con entrar en la Ciudad Prohibida.
Entre los jefes de los rebeldes que se alzaron contra la Corte destacan dos personajes, Chang Hsien-chung (張獻忠; Zhang Xianzhong, 1606–1647) y Li Tzu-cheng. Pero, Li fue el verdadero autor del derrocamiento de la dinastía Ming.


Li Tzu-cheng, el campesino-soldado que fundó una dinastía.


Ostentando el auto-designado título de Príncipe de Shun, Li derrotó a la guardia imperial, que había desertado la capital sin hacer mucha lucha. Las puertas de la Ciudad Prohibida fueron abiertas por unos guardias traidores, y las tropas de Li entraron sin mayores dificultades a Pekín el 26 de mayo de 1644.
El último emperador de la dinastía Ming, Tsung-chen (崇禎; Chongzhen, 1611–1644), tratando de evitar caer en manos de los rebeldes y una posible ejecución por éstos, ordenó a reunir a todos los miembros de la Familia Imperial y los obligó a suicidarse. La única que se opuso a esa orden fue la Princesa Chang-ping (長平公主; 1629–1646), y Tsung-chen ordenó que le amputasen su mano izquierda.
Finalmente, el emperador Tsung-chen, vestido con el traje imperial, escapó hacia el Jardín Imperial en el cerro Chingshan (Jingshan), donde se ahorcó en uno de los árboles. Tras el colapso de la dinastía Ming, los nuevos dueños del Imperio permitieron que fuese enterrado en el sitio de las Trece Tumbas de la Dinastía Ming, siendo el último emperador Ming enterrado allí.
El árbol donde se ahorcó, una sófora (Styphnolobium japonicum (L.) Schott), fue conocido como la sófora culpable o árbol del letrado chino culpable, y declarado un monumento nacional. Posteriormente, ese majestuoso árbol fue derribado durante la infame Revolución Cultural (1966–1976), al ser considerado como un objeto recordatorio del pasado feudal chino. En la actualidad, se ha sembrado otro árbol similar en el sitio.
Li Tzu-cheng (李自成; Li Zicheng, 1606–1646) nació en el distrito de Michih (米脂縣), en Yenan (延安府). Su nombre original era Li Hung-chi (李鴻基; Li Hongji), siendo un pastor durante su infancia. A los 20 años, comenzó a aprender arco y flecha, y a montar caballo. También fue aprendiz en una bodega y en el taller de un herrero.
Posteriormente, ingresó en el ejército como soldado local del pueblo donde vivía. A inicios de los años 1630, Li se amotinó junto con unos compañeros en la parte occidental de Shaanhsi (Shaanxi), debido a que no llegaban los cargamentos de pertrechos y suministros para las tropas. En 1834 fue capturado por un general del ejército imperial y posteriormente liberado bajo la condición que volviese a su cargo.
Sin embargo, Li volvió a rebelarse cuando un magistrado local ordenó la ejecución de 36 rebeldes que había participado en el amotinamiento. Junto con sus tropas, Li se alzó en armas y mató a los funcionarios locales y continuó en rebeldía en 1635, fijando su base en Jungyang (Rongyang), provincia de Honan (Henan).

Palacio de Li Tzu-cheng, en la provincia de Shaanhsi, donde proclamó la fundación de la dinastía Shun.

Existe una versión popular que narra cómo Li se rebeló contra el Imperio. Esta versión de más bien folklórica y posiblemente exagerada. La misma narra que Li Tzu-cheng fue exhibido en público con cadenas y esposas en 1630, por no pagar el préstamo que debía a Ai, un funcionario local que era además usurero.
Un guardia que lo cuidaba se compadeció de su estado lastimero y le ofreció un poco de agua y lo llevó a la sombra. Enfurecido por esta acción, Ai golpeó al guardia. Este acto provocó la ira de los presentes, y un grupo de campesinos rompió las esposas que llevaba Li y se lo llevaron para ocultarlo en un cerro cercano. Allí, lo proclamaron su líder y se armaron para evitar represalias.
Los alzados montaron una emboscada contra un pequeño grupo de guardias que había sido enviado para buscar y capturar a Li. Así, los campesinos rebeldes obtuvieron sus primeras armas y en menos de tres años, su número aumentó a 20.000 soldados. Frente a una terrible hambruna que azotó la región, los rebeldes asediaron innumerables puestos militares en las provincias de Honan, Shanhsi (Shanxi) y Shaanhsi.
Para mediados de los años 1640, Chang Hsien-chung había montado una firme base rebelde en la provincia de Szechwan (Sichuan), haciéndole la competencia en el esfuerzo por derrocar la dinastía Ming. Posteriormente, Chang proclamó su propio reinado, denominándolo dinastía Tahsi (Daxi). Sin embargo, su área de control estuvo exclusivamente en los alrededores de la ciudad de Chengtu (Chengdu), en la mencionada provincia. Chang nunca pudo llegar a la capital.
Chang fue un genocida y virtualmente despobló Chengtu. Se estima que cerca de un millón de personas fueron ejecutadas durante su ocupación. En recientes obras de construcción, los trabajadores han encontrado enormes fosas comunes con enormes cantidades de esqueletos, supuestamente de personas ejecutadas durante el espantoso corto reinado de Chang. Con el advenimiento de la dinastía Ching (1644–1911), fue ejecutado por las tropas manchúes que avanzaron hacia el sudoeste para consolidar los confines del Imperio. Su ejército fue diezmado por las superiores fuerzas manchúes y se puso fin al despótico reinado.

Un par de afiches de propaganda de la época maoísta que exaltan el espíritu de Li Tzu-cheng. Son obras de los pintores chino-continentales Ma Quan y Hua Yu.


A diferencia de Chang, Li Tzu-cheng defendía el llamado por “dividir la tierra en forma equitativa y abolir el sistema de impuesto sobre los granos alimenticios”, que le valió para ganarse el apoyo masivo de los agriculturos. Se hizo llamar Chuang Wang o Rey Errante (闖王). Tal fue su popularidad, que la gente cantaba con frecuencia el estribillo: “Matar ganado y cordero, preparar buen vino y abrir las puertas de la ciudad para recibir a Chuang Wang”.
En las batallas decisivas de Luoyang y Kaifeng, las tropas Ming no pudieron detener el avance de los rebeldes dirigidos por Li Tzu-cheng. Consolidando exitosamente su base, Li se proclamó Emperador de la Dinastía Shun (順朝), estableciendo su capital en Sian (Xian), provincia de Shaanhsi.
Las tropas de Li avanzaron hacia Pekín, y en abril de 1644, saquearon la Ciudad Prohibida, obligando al último Emperador Ming a cometer suicidio. El comandante de la plaza militar en la Ciudad Prohibida, Wu San-kuei (吳三桂; Wu Sanguei, 1612–1678), al ver la situación desventajosa en que se encontraban sus tropas, contacta y negocia con Dorgon (1612–1650), líder militar de los manchúes, cuyas unidades se encontraban cerca de Pekín.
Los historiadores señalan que originalmente Wu San-kuei deseaba aliarse con Li Tzu-cheng, que ya había saqueado la ciudad. Pero al conocer que su concubina, Chen Yuan-yuan (1624–1681), había sido capturada por Li, decidió unirse a los manchúes, que eran enemigos de la dinastía Ming. Finalmente, Wu ordenó abrir las puertas de la Gran Muralla para permitir la entrada de las tropas manchúes.
El ejército de Li Tzu-cheng fue derrotado el 27 de mayo de 1644 por las tropas manchúes bajo el mando de Wu San-kuei en la famosa Batalla del Paso Shanhai. Li huyó de Pekín, retornando a su base de poder en Shaanhsi. Existen varias versiones acerca de su muerte. Generalmente se dice que comitió suicidio al ver su dinastía desaparecer. También existe la versión que fue asesinado por milicias pro-dinastía Ming, tras ser capturado durante su huída. Entre el pueblo, también corre la versión folklórica de que Li no murió tras la derrota, sino que entró a un monasterio y se volvió monje, falleciendo a edad avanzada.
La dinastía Shun es posiblemente la dinastía de más corta duración en la historia china, siendo generalmente ignorada o no mencionada en la relación de las dinastías en China. Fue fundada el 8 de febrero de 1644 y duró menos de un año en función. Con la muerte de Li Tzu-cheng en 1646, se termina definitivamente la dinastía Shun. Entre las causas de su corto reinado se considera que la orden de Li para exterminar a todos los sobrevivientes de la dinastía Ming causó el descontento de las restantes fuerzas Ming, que todavía conservaban gran poderío en el sur de China. Por otro lado, la lucha por el poder entre los ministros de la recién constituida corte también contribuyó a su colapso final.

Moneda de cinco yuanes de China continental con la efigie de Li Tzu-cheng.

En términos historiográficos, la figura de Li Tzu-cheng es controversial. Durante toda la dinastía Ching, Li fue oficialmente considerado un bandido y usurpador del Trono Imperial. La versión propagada por la Corte es que los manchúes pusieron fin al reinado ilegítimo de Li y restauró el honor del Imperio, recibiendo consecuentemente el Mandato del Cielo para gobernar China. Esto resulta irónico, ya que la rebelión de Li Tzu-cheng fue lo que posibilitó la entrada de los manchúes a China.
Sin embargo, con el advenimiento de la República Popular China, el Partido Comunista Chino lo reindivica favorablemente, declarándolo como un revolucionario en contra del feudalismo. La era de Mao Tse-tung (Ma Zedong), que se caracterizó por sus inclinaciones anti-confucianistas y radicales, lo trató como un héroe popular.

martes, 7 de abril de 2009

miércoles, 1 de abril de 2009

Yung-cheng, el emperador severo

Entre los diez emperadores de la dinastía Ching (Qing, 1644-1912), sobresalen por su fama tres de ellos, Kang-hsi (Kangxi), Chien-lung (Qianlong) y Hsuan-tung (Xuantong). Los dos primeros son recordados por el esplendor de sus respectivos reinados, la gran cantidad de obras de arte que dejaron a la posteridad y sus largos reinados. El último, conocido popularmente como el emperador Puyi, es tristemente recordado no por ser el último emperador de China, sino también por haber sido artífice en la creación del régimen títere de Manchukuo, durante la Segunda Guerra Mundial; y por su inmortalización por Bernardo Bertolucci en su obra cinematográfica El Ultimo Emperador.
Sin embargo, en el período intermedio entre los emperadores Kang-hsi y Chien-lung tenemos un reinado que tal vez no tiene tanta fama en Occidente, pero que indudablemente fue uno de los más ejemplares en la dinastía Ching. Nos referimos al emperador Yung-cheng (雍正 Yongzheng, 1678 – 1735), cuyo relativamente corto reinado volvió a recobrar el auge de la dinastía, que había caído en crisis interna durante los últimos años de Kanghsi.

El Emperador Yung-cheng

A pesar que Yung-cheng es poco conocido entre los emperadores de la última dinastía china, el severo y dedicado monarca es una parte inseparable de esa época gloriosa de la China imperial conocida como el Período de Armonía Kang-Chien, donde el Imperio tuvo un desarrollo consistente.
Yung-cheng fue un gobernante austero, severo, perseverante y autoritario. Asumió al poder con las arcas del Imperio virtualmente vacías debido a las pomposas giras por todo el Imperio que realizó su padre en el transcurso de los 61 años de su reinado. Kanghsi fue el Emperador que tuvo el reinado de mayor duración en la historia china y uno de los más largos del mundo.
A diferencia de sus antecesores, que ascendieron al trono siendo niños, bajo la tutela de un regente, Yung-cheng ascendió al trono cuando tenía 44 años de edad. En este sentido, estaba plenamente al tanto de cuánto ocurría en el imperio. Si bien era de naturaleza severa y sospechosa, también fue un gobernante extremadamente capaz e ingenioso. El nuevo Emperador percibió que el reinado de su padre, especialmente durante los últimos años, había sido demasiado condescendiente. Por lo tanto, Yung-cheng comenzó su reinado con un rápido proceso de centralización del poder en sus manos.
En primer lugar rechazó la petición de varios hermanos suyos de establecer territorios feudales propios, sino que procedió a quitarles su poderío militar.
El sistema militar de los manchúes estaba constituido por banderas o estandartes de un color específico, que eran unidades de combate integrado por cuatro nirus o compañías de 300 soldados. Originalmente habían banderas de cuatro colores: amarillo, blanco, azul y rojo. Con el aumento de las tropas, se agregaron cuatro banderas o estandartes más: los mismos colores anteriores bordeados con rojo; a excepción de la bandera roja, que estaba bordeada por una franja blanca.
Tras las diferentes conquistas y triunfos militares a mediados del siglo XVII, el tamaño de cada bandera o estandarte había crecido a 7.500 soldados, divididos ahora en cinco unidades, cada una equivalente a un regimiento, denominada jalan. Posteriormente, con los chinos y mongoles que fueron capturados en los territorios conquistados, se reclutaron más tropas, que finalmente fueron organizadas en ocho Banderas Chinas y ocho Banderas Mongoles adicionales. En pleno apogeo, los manchúes contaban con un enorme ejército de 24 banderas o divisiones.
Anteriormente, el Emperador sólo controlaba directamente tres de las ocho banderas manchúes –amarillo, blanco y amarillo bordeado–, pero Yung-cheng asumió el control supremo de todas las ocho banderas manchúes. Además, nombró a oficiales que le eran absolutamente fieles para comandar las otras banderas de los chinos y mongoles.
En la administración de los asuntos civiles, Yung-cheng era infatigable. El personalmente leía y escribía sus comentarios e instrucciones en todos los oficios que llegaban al Palacio Imperial. A diario, trabajaba hasta altas horas de la noche tramitando oficios y presidiendo reuniones con varios grupos de funcionarios de la Corte para deliberar sobre los asuntos de Estado. Indudablemente, era el hombre que más trabajaba en todo el Imperio; y tal vez, el monarca que más ha trabajado en todo el mundo. Casi a diario, entraba a la Corte casi en la alborada.
El control sobre los funcionarios era estricto y autocrático; mientras que la ley y el orden se imponían de manera fuerte e inexorable. Para asegurarse de que los funcionarios en todos los niveles cumplieran estrictamente con sus deberes, envió espías en misiones secretas por todo lo largo y ancho del Imperio, quienes reportaban sobre cualquier negligencia en sus funciones o abusos del poder por parte de los funcionarios locales.
Acérrimo enemigo de la corrupción, Yung-cheng articuló además mecanismos para mantener un férreo control sobre la conducta de los funcionarios, y concedió recompensas a quienes destacaban por su honestidad. A medida que combatió la corrupción y el despilfarro, Yung-cheng continuó con la paz y prosperidad del reinado anterior, a pesar de haber encontrado casi vacias las arcas imperiales. Para ese fin, llevó a cabo una extensiva y eficiente reestructuración financiera.
En 1725, Yung-cheng escribió su famoso Discurso sobre partidos y facciones (Peng-tang lun) para advertir a los miembros de la realeza, funcionarios, miembros de la aristocracia y académicos a no formar sociedades, grupos o facciones secretas o con intenciones egoístas. En especial, hizo hincapié en la prohibición de cualquier actividad opositora en secreto. Este tipo de comportamiento desleal era totalmente intolerable, siendo castigado de la manera más severa. Un caso muy conocido es el incidente de Lu Liu-liang.
A pesar que Lu Liu-liang (呂留良, 1629-1683)ya había muerto hace muchos años, sus escritos cargados de críticas y amonestaciones contra los nuevos dueños del país, instigaban al pueblo chino, en su mayoría de la etnia Han, a levantarse en rebeldía en contra de la dinastía Ching. Lu propiciaba el retorno de la anterior dinastía Ming.
Si bien Lu no logró en vida sino expresar su descontento por el nuevo régimen, sus escritos influyeron en otras personas que le sobrevivieron. Entre ellos, hubo un maestro de la provincia de Hunan, Tseng Ching (曾靜, Zeng Jing 1679-1735), quien trató de convencer a un gobernador general a levantarse en armas contra el Emperador. Tseng usó los escritos de Lu y llegó a insinuar que Yung Cheng había usurpado el poder y por ende, su reinado era ilegítimo.
En vez de seguir las insinuaciones del Tseng, el gobernador general, fiel a las obligaciones civiles y militares contraidas con su cargo, reportó sobre el hecho a la Corte. Enfurecido por la intriga, Yung Cheng ordenó el arrestó de Tseng y sus aliados; a la vez que hizo exhumar los restos mortales de Lu Liu-liang, que fueron despedazados y desparramados por el bosque. La misma suerte corrió con el cadáver de su hijo mayor, y todos sus descendientes fueron severamente castigados, ya sea con la decapitación, o la asignación como esclavos de casta, es decir, que lo serían para siempre y por todas las generaciones posteriores hasta extinguirse el linaje de la familia.
En cuanto a Tseng Ching, el Emperador mantuvo una extensa correspondencia epistolar con el reo y finalmente, lo visitó en su celda llevando una enorme cantidad de documentos oficiales que comprobaban cuán errado estaba el maestro rebelde. Finalmente, Tseng descubrió cómo se había dejado cegar por los escritos de Lu y redactó un memorial donde declaraba formal y voluntariamente su arrepentimiento, y aceptaba totalmente sin remordimiento cualquier castigo que fuese impuesto sobre él.
Yung Cheng perdonó al joven maestro debido a que había pecado por ingenuidad. Al ser liberado, Tseng se dedicó a viajar por varias provincias pronunciando elocuentes discursos a favor del Imperio, retractándose de sus anteriores declaraciones sediciosas y afirmando la legitimidad del Emperador.
La preocupación por la ausencia de sucesor se fue agravando en los últimos años del reinado del emperador Kang-hsi. Como había ocurrido tantas veces en la historia de China, la posibilidad de una guerra civil por la sucesión aparentaba ser cada vez más inevitable.
Tras la muerte de Kang-hsi, su cuarto hijo, Yinchen (胤禛, Yinzhen), proclamó haber sido nombrado sucesor por su padre en el lecho de muerte. Éste había dejado a su vez el nombre del sucesor escrito en un cofre colocado detrás de un enorme letrero colgado detrás del trono imperial. En cualquier caso, el hecho de que sólo algunos de los hijos de Kang-hsi estuvieran presentes en el momento de la muerte del Emperador ha llevado a algunos historiadores a cuestionar si Yinchen fue realmente elegido como sucesor, y las sospechas de una posible usurpación acompañarían al reinado de Yinzhen, que asumió al trono con el título imperial de Yung-cheng.
Muy pronto, aparecieron muchas versiones que fueron rápidamente divulgadas entre el populacho, acerca de la aparente usurpación del poder por Yung-cheng. Varios de sus hermanos, y en especial el octavo hijo de Kang-hsi, Yin-ssu (Yinsi, 1681-1726), se opusieron al Emperador desde el momento en que ascendió al trono. En forma permanente y consistente, propiciaron la divulgación de esos rumores.
Uno de los rumores más conocidos y difundidos apunta al supuesto hecho donde Yung-cheng cambió las letras “catorce” (十四, shíh szu) a “al cuatro” (于四 → yu szu); o sea que el trono fue heredado al hijo catorce del Emperador, pero fue alterado para decir “al (hijo) cuatro”. Otra versión dice que las letras “catorce” (十四, shíh szu) fueron cambiadas a “cuarto” (第四 → tì szu).
Para cuando se produjo la muerte del emperador Kang-hsi, su decimocuarto hijo, Yinti, se encontraba en el frente de batalla en el noroccidente del reino, asignado como Comandante en Jefe de la Pacificación de la Frontera. Algunos historiadores indican que su padre lo había enviado allí para entrenarlo en los asuntos militares, con el fin de entregarle el Trono. Es menester recordar que Yinti fue nominado por Yung-cheng, ya que era el único entre todos los príncipes que tenía mayor afinidad, ya que los dos de los tres hijos de Uya, la emperatriz Hsiao Kung Jen (Xiao Gong Ren, 孝恭仁皇后), y el emperador Kang-hsi. Para cuando fue nominado Yinti al cargo militar, ya habían pasado 7 años sin un príncipe heredero.
A pesar que estos rumores han sido ampliamente difundidos e incluso han sido incluidos en muchas obras narrativas de estilo folklórico, existe muy pocas probabilidades que eso haya ocurrido en la realidad. En primer lugar, el carácter chino "于" entró en uso entre los comerciantes a inicios del siglo XIX, y ha sido usado principalmente entre la gente de poca formación académica o para hacer anotaciones rápidas. En los documentos formales, sean oficiales o privados, la letra correcta de uso es "於". El anterior es una abreviatura de uso no formal. Es poco probable que en un testimonio se haya usado la abreviatura en medio de los otros caracteres formales.
En segundo lugar, era de caracter obligatorio que todos los documentos oficiales durante la dinastía Ching fueran escritos en los idiomas chino y manchú. La escritura manchú es virtualmente difícil de modificar, ya que es un tipo de escritura vertical de corrido, es decir, las letras de toda palabra van unidas entre sí, sin espacio entre ellas. No hay forma de agregar, cambiar o restar una letra una vez se haya escrito una palabra.
En tercer lugar, la tradición imperial exigía como respeto mencionar a los príncipes como hijos del Emperador de acuerdo con el orden en que hubieran nacido. Así, Yinchen, el futuro emperador, siendo cuarto hijo, tenía que ser mencionado en todos los documentos como “Cuarto Hijo del Emperador” (皇四子 Huang Szu Tzu). En consecuencia, nunca se hubiera podido escribir sencillamente “al cuatro” (于四), porque sería un agravio muy grave de irrespeto a un miembro de la familia real.
Por tales razones, se da por descartado la teoría de que Yinchen hubiera cambiado el testamento de su padre para lograr ascender al trono. Es totalmente imposible que Yinchen hubiera podido agregar unos trazos y modificar las letras del testamento de Kanghsi, ni en la versión china y mucho menos en la versión manchú.
Además, los registros oficiales declaran que el 20 de diciembre de 1722, el moribundo emperador Kang-hsi llamó a su lecho de muerte a siete de sus hijos y al Comandante de la Guarnición de Pekín, Longkodo (Longkeduo), y ordenó que éste último leyera el testamento, a la vez que anunció que entregaba el trono imperial a Yinchen, su cuarto hijo. Si bien existen rumores de que Yung-cheng pudo haber modificado los registros oficiales para propósitos políticos, también en esto, existe una posibilidad muy remota que haya ocurrido, ya que estaban los otros príncipes y los registros ya leídos y sellados, eran inalterables.
También se rumora que meses antes de la muerte de su padre, el futuro Emperador se había reunido varias veces con Longkodo para discutir la toma del poder por medios militares. Sin embargo, no debemos olvidar que Yinchen era el encargado de los asuntos de Estado, y por lo tanto, era completamente natural que tuviese que reunirse con Longkodo para discutir aspectos de la seguridad del Imperio.
En lo que se considera como la primera biografía abarcadora del Emperador Yung-cheng, el historiador chino Feng Erkang, en su obra El misterio de la sucesión del poder de Yung-cheng*, reconoce la existencia de algunas señales sospechosas en torno a los testamentos que ya se han perdido, pero afirma que la mayoría de las evidencias señalan de forma inequívoca que Yung-cheng ascendió al trono en forma legítima, a pesar que fue necesario realizar algunas maniobras políticas y militares necesarias debido a las obvias manipulaciones que estaban cociéndose en los entornos de la Ciudad Prohibida, frutos de las intrigas de los otros príncipes desfavorecidos por el moribundo monarca.
Debido a toda esta complicada situación, resulta razonable pensar que los enemigos de Yung-cheng aprovecharon cada detalle y situación desfavorable para ellos con el fin de tejer leyendas y rumores con el propósito de manchar la imagen del nuevo Emperador. La rápida sucesión de eventos que ocurrieron durante la muerte de Kang-hsi y posteriormente, la fuerte represión que caracterizó su gobierno en su afán por enderezar la institución imperial, ya muy desprestigiada en los últimos años del reinado de su padre; sirvieron de materia prima para que ciertos sectores intelectuales intenten desprestigar el reinado de Yung-cheng debido a que supuestamente, no había ascendido al trono según la voluntad de su padre.
Después que Kang-hsi tuvo que abolir por segunda vez al príncipe heredero, Yin-jeng (Yinreng), su segundo hijo, en 1712, el anciano Emperador cometió el grave error de permitir que sus otros hijos se convirtiesen en importantes actores políticos que lucharon en una contienda por la sucesión que faltó poco por terminar en una guerra fraticida. Al dejar vacante la posición de Príncipe Heredero, fue inevitable que los príncipes se declarasen en abierta contienda por alcanzar el trono, no excluyendo la posibilidad de una usurpación del poder.
Esta realidad propició un entorno para entretejer conjuras e intrigas palaciegas, que a su vez, generaron especulaciones y rumores en la población. De allí, surgió la versión divulgada entre el pueblo de la usurpación del trono por Yung-cheng. El hecho, sea real o imaginario, se convirtió en uno de los cuatro grandes casos misteriosos de la dinastía Ching. Indistintamente de cuál haya sido la realidad, el error más grande que puede cometer un historiador sería juzgar a un gobernante solamente en base a cómo llegó al poder.
Según Yung-cheng, mejorar el pensamiento y comportamiento del pueblo es mejor que sancionarlo por su fallas, y además, aumenta su lealtad hacia el Estado. Pero ese adoctrinamiento moral no era universal, ya que a los tercos y empecinados en seguir por el sendero errado contrario al bienestar del Estado, era menester que fuesen severamente e inmisericordemente castigados.
Para combatir la corrupción en el Imperio, Yung-cheng instituyó la práctica de otorgar estipendios liberales a los funcionarios, llamados “fondos anti-corrupción” (yang-lien chin, que significa literalmente viáticos para alimentar la integridad); a la vez que prohibía terminantemente los sobornos, sobretaxaciones y otras irregularidades administrativas. Los funcionarios encontrados culpables de estas malas prácticas, eran severamente castigados; en muchas ocasiones juntos con todos sus familiares.
En el plano social, Yung-cheng fue uno de los primeros monarcas que defendieron la igualdad de todos los ciudadanos, al ordenar que los pordioseros, sirvientes hereditarios y remeros de botes adquiriesen el título de ciudadanos comunes, en reemplazo de la anterior clasificación como “personas insignificantes”. En esa época, una persona insignificante no tenía ningún derecho cívico y podía ser matada en el acto por cualquier persona que se sintiera agraviado por ella.
Es menester reconocer, en honor a la verdad histórica irrevocable, que el reinado de Yung-cheng asentó una fuerte base política, social y económica que permitió a sus dos siguientes sucesores: Chien-lung y Chia-ching (Jiaqing), disfrutar de dos reinados con un esplendor y grandeza nunca antes vistos en la historia china. Su hijo y sucesor, Chien-lung, fue quizás el único monarca chino que viajó por todo la extensión del imperio en los múltiples viajes de inspección que hizo a los todos los confines de China. Muchos de estos viajes eran casi fabulosos, con un despliegue de lujo y pomposidad que nunca ha sido igualado por gobernante alguno hasta el día de hoy. Sin embargo, en muchas instancias, el Emperador optaba por viajar de incógnito, haciéndose pasar como campesino, peón u otro tipo de persona común. De esta manera, se percataba muchas veces de las irregularidades de los funcionarios locales. A su vez, estos viajes también se convirtieron material para abundantes leyendas acerca de las aventuras, reales o ficticias, de Chien-lung.

* Feng Erkang, 1990. El misterio de la sucesión de poder de Yung-cheng. Pekín: Zhongguo Renmin chubanshe. [馮爾康 (1990) 雍正繼位之謎 (北京: 中國人民大學出版社)]