miércoles, 1 de abril de 2009

Yung-cheng, el emperador severo

Entre los diez emperadores de la dinastía Ching (Qing, 1644-1912), sobresalen por su fama tres de ellos, Kang-hsi (Kangxi), Chien-lung (Qianlong) y Hsuan-tung (Xuantong). Los dos primeros son recordados por el esplendor de sus respectivos reinados, la gran cantidad de obras de arte que dejaron a la posteridad y sus largos reinados. El último, conocido popularmente como el emperador Puyi, es tristemente recordado no por ser el último emperador de China, sino también por haber sido artífice en la creación del régimen títere de Manchukuo, durante la Segunda Guerra Mundial; y por su inmortalización por Bernardo Bertolucci en su obra cinematográfica El Ultimo Emperador.
Sin embargo, en el período intermedio entre los emperadores Kang-hsi y Chien-lung tenemos un reinado que tal vez no tiene tanta fama en Occidente, pero que indudablemente fue uno de los más ejemplares en la dinastía Ching. Nos referimos al emperador Yung-cheng (雍正 Yongzheng, 1678 – 1735), cuyo relativamente corto reinado volvió a recobrar el auge de la dinastía, que había caído en crisis interna durante los últimos años de Kanghsi.

El Emperador Yung-cheng

A pesar que Yung-cheng es poco conocido entre los emperadores de la última dinastía china, el severo y dedicado monarca es una parte inseparable de esa época gloriosa de la China imperial conocida como el Período de Armonía Kang-Chien, donde el Imperio tuvo un desarrollo consistente.
Yung-cheng fue un gobernante austero, severo, perseverante y autoritario. Asumió al poder con las arcas del Imperio virtualmente vacías debido a las pomposas giras por todo el Imperio que realizó su padre en el transcurso de los 61 años de su reinado. Kanghsi fue el Emperador que tuvo el reinado de mayor duración en la historia china y uno de los más largos del mundo.
A diferencia de sus antecesores, que ascendieron al trono siendo niños, bajo la tutela de un regente, Yung-cheng ascendió al trono cuando tenía 44 años de edad. En este sentido, estaba plenamente al tanto de cuánto ocurría en el imperio. Si bien era de naturaleza severa y sospechosa, también fue un gobernante extremadamente capaz e ingenioso. El nuevo Emperador percibió que el reinado de su padre, especialmente durante los últimos años, había sido demasiado condescendiente. Por lo tanto, Yung-cheng comenzó su reinado con un rápido proceso de centralización del poder en sus manos.
En primer lugar rechazó la petición de varios hermanos suyos de establecer territorios feudales propios, sino que procedió a quitarles su poderío militar.
El sistema militar de los manchúes estaba constituido por banderas o estandartes de un color específico, que eran unidades de combate integrado por cuatro nirus o compañías de 300 soldados. Originalmente habían banderas de cuatro colores: amarillo, blanco, azul y rojo. Con el aumento de las tropas, se agregaron cuatro banderas o estandartes más: los mismos colores anteriores bordeados con rojo; a excepción de la bandera roja, que estaba bordeada por una franja blanca.
Tras las diferentes conquistas y triunfos militares a mediados del siglo XVII, el tamaño de cada bandera o estandarte había crecido a 7.500 soldados, divididos ahora en cinco unidades, cada una equivalente a un regimiento, denominada jalan. Posteriormente, con los chinos y mongoles que fueron capturados en los territorios conquistados, se reclutaron más tropas, que finalmente fueron organizadas en ocho Banderas Chinas y ocho Banderas Mongoles adicionales. En pleno apogeo, los manchúes contaban con un enorme ejército de 24 banderas o divisiones.
Anteriormente, el Emperador sólo controlaba directamente tres de las ocho banderas manchúes –amarillo, blanco y amarillo bordeado–, pero Yung-cheng asumió el control supremo de todas las ocho banderas manchúes. Además, nombró a oficiales que le eran absolutamente fieles para comandar las otras banderas de los chinos y mongoles.
En la administración de los asuntos civiles, Yung-cheng era infatigable. El personalmente leía y escribía sus comentarios e instrucciones en todos los oficios que llegaban al Palacio Imperial. A diario, trabajaba hasta altas horas de la noche tramitando oficios y presidiendo reuniones con varios grupos de funcionarios de la Corte para deliberar sobre los asuntos de Estado. Indudablemente, era el hombre que más trabajaba en todo el Imperio; y tal vez, el monarca que más ha trabajado en todo el mundo. Casi a diario, entraba a la Corte casi en la alborada.
El control sobre los funcionarios era estricto y autocrático; mientras que la ley y el orden se imponían de manera fuerte e inexorable. Para asegurarse de que los funcionarios en todos los niveles cumplieran estrictamente con sus deberes, envió espías en misiones secretas por todo lo largo y ancho del Imperio, quienes reportaban sobre cualquier negligencia en sus funciones o abusos del poder por parte de los funcionarios locales.
Acérrimo enemigo de la corrupción, Yung-cheng articuló además mecanismos para mantener un férreo control sobre la conducta de los funcionarios, y concedió recompensas a quienes destacaban por su honestidad. A medida que combatió la corrupción y el despilfarro, Yung-cheng continuó con la paz y prosperidad del reinado anterior, a pesar de haber encontrado casi vacias las arcas imperiales. Para ese fin, llevó a cabo una extensiva y eficiente reestructuración financiera.
En 1725, Yung-cheng escribió su famoso Discurso sobre partidos y facciones (Peng-tang lun) para advertir a los miembros de la realeza, funcionarios, miembros de la aristocracia y académicos a no formar sociedades, grupos o facciones secretas o con intenciones egoístas. En especial, hizo hincapié en la prohibición de cualquier actividad opositora en secreto. Este tipo de comportamiento desleal era totalmente intolerable, siendo castigado de la manera más severa. Un caso muy conocido es el incidente de Lu Liu-liang.
A pesar que Lu Liu-liang (呂留良, 1629-1683)ya había muerto hace muchos años, sus escritos cargados de críticas y amonestaciones contra los nuevos dueños del país, instigaban al pueblo chino, en su mayoría de la etnia Han, a levantarse en rebeldía en contra de la dinastía Ching. Lu propiciaba el retorno de la anterior dinastía Ming.
Si bien Lu no logró en vida sino expresar su descontento por el nuevo régimen, sus escritos influyeron en otras personas que le sobrevivieron. Entre ellos, hubo un maestro de la provincia de Hunan, Tseng Ching (曾靜, Zeng Jing 1679-1735), quien trató de convencer a un gobernador general a levantarse en armas contra el Emperador. Tseng usó los escritos de Lu y llegó a insinuar que Yung Cheng había usurpado el poder y por ende, su reinado era ilegítimo.
En vez de seguir las insinuaciones del Tseng, el gobernador general, fiel a las obligaciones civiles y militares contraidas con su cargo, reportó sobre el hecho a la Corte. Enfurecido por la intriga, Yung Cheng ordenó el arrestó de Tseng y sus aliados; a la vez que hizo exhumar los restos mortales de Lu Liu-liang, que fueron despedazados y desparramados por el bosque. La misma suerte corrió con el cadáver de su hijo mayor, y todos sus descendientes fueron severamente castigados, ya sea con la decapitación, o la asignación como esclavos de casta, es decir, que lo serían para siempre y por todas las generaciones posteriores hasta extinguirse el linaje de la familia.
En cuanto a Tseng Ching, el Emperador mantuvo una extensa correspondencia epistolar con el reo y finalmente, lo visitó en su celda llevando una enorme cantidad de documentos oficiales que comprobaban cuán errado estaba el maestro rebelde. Finalmente, Tseng descubrió cómo se había dejado cegar por los escritos de Lu y redactó un memorial donde declaraba formal y voluntariamente su arrepentimiento, y aceptaba totalmente sin remordimiento cualquier castigo que fuese impuesto sobre él.
Yung Cheng perdonó al joven maestro debido a que había pecado por ingenuidad. Al ser liberado, Tseng se dedicó a viajar por varias provincias pronunciando elocuentes discursos a favor del Imperio, retractándose de sus anteriores declaraciones sediciosas y afirmando la legitimidad del Emperador.
La preocupación por la ausencia de sucesor se fue agravando en los últimos años del reinado del emperador Kang-hsi. Como había ocurrido tantas veces en la historia de China, la posibilidad de una guerra civil por la sucesión aparentaba ser cada vez más inevitable.
Tras la muerte de Kang-hsi, su cuarto hijo, Yinchen (胤禛, Yinzhen), proclamó haber sido nombrado sucesor por su padre en el lecho de muerte. Éste había dejado a su vez el nombre del sucesor escrito en un cofre colocado detrás de un enorme letrero colgado detrás del trono imperial. En cualquier caso, el hecho de que sólo algunos de los hijos de Kang-hsi estuvieran presentes en el momento de la muerte del Emperador ha llevado a algunos historiadores a cuestionar si Yinchen fue realmente elegido como sucesor, y las sospechas de una posible usurpación acompañarían al reinado de Yinzhen, que asumió al trono con el título imperial de Yung-cheng.
Muy pronto, aparecieron muchas versiones que fueron rápidamente divulgadas entre el populacho, acerca de la aparente usurpación del poder por Yung-cheng. Varios de sus hermanos, y en especial el octavo hijo de Kang-hsi, Yin-ssu (Yinsi, 1681-1726), se opusieron al Emperador desde el momento en que ascendió al trono. En forma permanente y consistente, propiciaron la divulgación de esos rumores.
Uno de los rumores más conocidos y difundidos apunta al supuesto hecho donde Yung-cheng cambió las letras “catorce” (十四, shíh szu) a “al cuatro” (于四 → yu szu); o sea que el trono fue heredado al hijo catorce del Emperador, pero fue alterado para decir “al (hijo) cuatro”. Otra versión dice que las letras “catorce” (十四, shíh szu) fueron cambiadas a “cuarto” (第四 → tì szu).
Para cuando se produjo la muerte del emperador Kang-hsi, su decimocuarto hijo, Yinti, se encontraba en el frente de batalla en el noroccidente del reino, asignado como Comandante en Jefe de la Pacificación de la Frontera. Algunos historiadores indican que su padre lo había enviado allí para entrenarlo en los asuntos militares, con el fin de entregarle el Trono. Es menester recordar que Yinti fue nominado por Yung-cheng, ya que era el único entre todos los príncipes que tenía mayor afinidad, ya que los dos de los tres hijos de Uya, la emperatriz Hsiao Kung Jen (Xiao Gong Ren, 孝恭仁皇后), y el emperador Kang-hsi. Para cuando fue nominado Yinti al cargo militar, ya habían pasado 7 años sin un príncipe heredero.
A pesar que estos rumores han sido ampliamente difundidos e incluso han sido incluidos en muchas obras narrativas de estilo folklórico, existe muy pocas probabilidades que eso haya ocurrido en la realidad. En primer lugar, el carácter chino "于" entró en uso entre los comerciantes a inicios del siglo XIX, y ha sido usado principalmente entre la gente de poca formación académica o para hacer anotaciones rápidas. En los documentos formales, sean oficiales o privados, la letra correcta de uso es "於". El anterior es una abreviatura de uso no formal. Es poco probable que en un testimonio se haya usado la abreviatura en medio de los otros caracteres formales.
En segundo lugar, era de caracter obligatorio que todos los documentos oficiales durante la dinastía Ching fueran escritos en los idiomas chino y manchú. La escritura manchú es virtualmente difícil de modificar, ya que es un tipo de escritura vertical de corrido, es decir, las letras de toda palabra van unidas entre sí, sin espacio entre ellas. No hay forma de agregar, cambiar o restar una letra una vez se haya escrito una palabra.
En tercer lugar, la tradición imperial exigía como respeto mencionar a los príncipes como hijos del Emperador de acuerdo con el orden en que hubieran nacido. Así, Yinchen, el futuro emperador, siendo cuarto hijo, tenía que ser mencionado en todos los documentos como “Cuarto Hijo del Emperador” (皇四子 Huang Szu Tzu). En consecuencia, nunca se hubiera podido escribir sencillamente “al cuatro” (于四), porque sería un agravio muy grave de irrespeto a un miembro de la familia real.
Por tales razones, se da por descartado la teoría de que Yinchen hubiera cambiado el testamento de su padre para lograr ascender al trono. Es totalmente imposible que Yinchen hubiera podido agregar unos trazos y modificar las letras del testamento de Kanghsi, ni en la versión china y mucho menos en la versión manchú.
Además, los registros oficiales declaran que el 20 de diciembre de 1722, el moribundo emperador Kang-hsi llamó a su lecho de muerte a siete de sus hijos y al Comandante de la Guarnición de Pekín, Longkodo (Longkeduo), y ordenó que éste último leyera el testamento, a la vez que anunció que entregaba el trono imperial a Yinchen, su cuarto hijo. Si bien existen rumores de que Yung-cheng pudo haber modificado los registros oficiales para propósitos políticos, también en esto, existe una posibilidad muy remota que haya ocurrido, ya que estaban los otros príncipes y los registros ya leídos y sellados, eran inalterables.
También se rumora que meses antes de la muerte de su padre, el futuro Emperador se había reunido varias veces con Longkodo para discutir la toma del poder por medios militares. Sin embargo, no debemos olvidar que Yinchen era el encargado de los asuntos de Estado, y por lo tanto, era completamente natural que tuviese que reunirse con Longkodo para discutir aspectos de la seguridad del Imperio.
En lo que se considera como la primera biografía abarcadora del Emperador Yung-cheng, el historiador chino Feng Erkang, en su obra El misterio de la sucesión del poder de Yung-cheng*, reconoce la existencia de algunas señales sospechosas en torno a los testamentos que ya se han perdido, pero afirma que la mayoría de las evidencias señalan de forma inequívoca que Yung-cheng ascendió al trono en forma legítima, a pesar que fue necesario realizar algunas maniobras políticas y militares necesarias debido a las obvias manipulaciones que estaban cociéndose en los entornos de la Ciudad Prohibida, frutos de las intrigas de los otros príncipes desfavorecidos por el moribundo monarca.
Debido a toda esta complicada situación, resulta razonable pensar que los enemigos de Yung-cheng aprovecharon cada detalle y situación desfavorable para ellos con el fin de tejer leyendas y rumores con el propósito de manchar la imagen del nuevo Emperador. La rápida sucesión de eventos que ocurrieron durante la muerte de Kang-hsi y posteriormente, la fuerte represión que caracterizó su gobierno en su afán por enderezar la institución imperial, ya muy desprestigiada en los últimos años del reinado de su padre; sirvieron de materia prima para que ciertos sectores intelectuales intenten desprestigar el reinado de Yung-cheng debido a que supuestamente, no había ascendido al trono según la voluntad de su padre.
Después que Kang-hsi tuvo que abolir por segunda vez al príncipe heredero, Yin-jeng (Yinreng), su segundo hijo, en 1712, el anciano Emperador cometió el grave error de permitir que sus otros hijos se convirtiesen en importantes actores políticos que lucharon en una contienda por la sucesión que faltó poco por terminar en una guerra fraticida. Al dejar vacante la posición de Príncipe Heredero, fue inevitable que los príncipes se declarasen en abierta contienda por alcanzar el trono, no excluyendo la posibilidad de una usurpación del poder.
Esta realidad propició un entorno para entretejer conjuras e intrigas palaciegas, que a su vez, generaron especulaciones y rumores en la población. De allí, surgió la versión divulgada entre el pueblo de la usurpación del trono por Yung-cheng. El hecho, sea real o imaginario, se convirtió en uno de los cuatro grandes casos misteriosos de la dinastía Ching. Indistintamente de cuál haya sido la realidad, el error más grande que puede cometer un historiador sería juzgar a un gobernante solamente en base a cómo llegó al poder.
Según Yung-cheng, mejorar el pensamiento y comportamiento del pueblo es mejor que sancionarlo por su fallas, y además, aumenta su lealtad hacia el Estado. Pero ese adoctrinamiento moral no era universal, ya que a los tercos y empecinados en seguir por el sendero errado contrario al bienestar del Estado, era menester que fuesen severamente e inmisericordemente castigados.
Para combatir la corrupción en el Imperio, Yung-cheng instituyó la práctica de otorgar estipendios liberales a los funcionarios, llamados “fondos anti-corrupción” (yang-lien chin, que significa literalmente viáticos para alimentar la integridad); a la vez que prohibía terminantemente los sobornos, sobretaxaciones y otras irregularidades administrativas. Los funcionarios encontrados culpables de estas malas prácticas, eran severamente castigados; en muchas ocasiones juntos con todos sus familiares.
En el plano social, Yung-cheng fue uno de los primeros monarcas que defendieron la igualdad de todos los ciudadanos, al ordenar que los pordioseros, sirvientes hereditarios y remeros de botes adquiriesen el título de ciudadanos comunes, en reemplazo de la anterior clasificación como “personas insignificantes”. En esa época, una persona insignificante no tenía ningún derecho cívico y podía ser matada en el acto por cualquier persona que se sintiera agraviado por ella.
Es menester reconocer, en honor a la verdad histórica irrevocable, que el reinado de Yung-cheng asentó una fuerte base política, social y económica que permitió a sus dos siguientes sucesores: Chien-lung y Chia-ching (Jiaqing), disfrutar de dos reinados con un esplendor y grandeza nunca antes vistos en la historia china. Su hijo y sucesor, Chien-lung, fue quizás el único monarca chino que viajó por todo la extensión del imperio en los múltiples viajes de inspección que hizo a los todos los confines de China. Muchos de estos viajes eran casi fabulosos, con un despliegue de lujo y pomposidad que nunca ha sido igualado por gobernante alguno hasta el día de hoy. Sin embargo, en muchas instancias, el Emperador optaba por viajar de incógnito, haciéndose pasar como campesino, peón u otro tipo de persona común. De esta manera, se percataba muchas veces de las irregularidades de los funcionarios locales. A su vez, estos viajes también se convirtieron material para abundantes leyendas acerca de las aventuras, reales o ficticias, de Chien-lung.

* Feng Erkang, 1990. El misterio de la sucesión de poder de Yung-cheng. Pekín: Zhongguo Renmin chubanshe. [馮爾康 (1990) 雍正繼位之謎 (北京: 中國人民大學出版社)]

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