lunes, 9 de marzo de 2009

A manera de introducción

La historia es el compendio de las experiencias humanas en el pasado. El papel del historiador es compilar en forma fiel y desapasionada los hechos del pasado y ordenarlos en forma narrativa. Hasta mediados del Siglo XIX, la historia era sencillamente una parte de la literatura y se daba más importancia a la elegancia del estilo que a la veracidad de los hechos que se describían en sus escritos. Afortunadamente, esta razón de ser ha cambiado y hoy en día, la historia es una ciencia por derecho propio.
Sin embargo, documentar y narrar la historia de pueblos de existencia milenaria es un tarea sumamente difícil, si tratamos de mantener la vigencia del actual criterio de esta ciencia. Es difícil apartarse de la pasión y otros aspectos que desvirtuan la intención informativa de la historia en el caso de pueblos que han sobrevivido durante milenios. Así, documentar la historia de pueblos como el árabe, el hebreo, el hindostano o el chino es una actividad, que aparte de ser apasionante, resulta delicada porque son pueblos donde la leyenda se ha ido convirtiendo en tradición y la tradición se ha ido convirtiendo en leyenda, y ambas se han permeabilizado en la vida diaria de su gente para transformarse en síntesis y alma de su existencia.
Durante casi dos mil años, el estudio y la documentación de la historia fueron considerados la vanguardia de la educación y la erudición en China. Se tienen evidencias de que los chinos comenzaron a documentar los hechos, principalmente para propósitos genealógicos, mucho antes de Confucio. En el Siglo II antes de la Era Cristiana, el célebre historiador Ssu-ma Chien, escribano de la corte en la Dinastía Han Occidental, publicó su monumental obra, el Shih Chi o “Registros Históricos”. Dicho libro fijó las pautas para las obras históricas en China durante los siguientes 20 siglos e inició una firme tradición en la documentación histórica de China.
Si bien China es una nación con una historia documentada de casi 4.000 años, no fue sino hasta el Siglo XVI que la nación tuvo sus primeros contactos con el mundo exterior. Hasta ese entonces, China era un país misterioso y completamente desconocido. Los primeros exploradores occidentales que llegaron a China, ya sea con un propósito comercial, misionero o conquistador, iniciaron los contactos directos entre Occidente y Oriente.
El propósito principal de este espacio no es presentar un compendio sobre la historia china, sino más bien, resaltar algunos aspectos interesantes y controversiales de la historia de uno de los pueblos más antiguos del mundo. El afán de este esfuerzo se concentra en presentar una narrativa entretenida y a la vez ilustrativa de tales hechos, de modo que se aclare un poco el misterio y la leyenda que se han tejido con el pasar del tiempo en esos capítulos históricos.
Con respecto al nombre de esta página, Rollos de bambú hace alusión a esos antiquísimos "cuadernos" de la civilización humana, donde se registraron los primeros hechos históricos de China. La mención de estos registros en su título refleja el interés del autor por mostrar estas facetas históricas en la misma forma fiel y sencilla como se hizo en los albores de la civilización china.

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